11 dic. 2007

La ciencia ficción en la literatura árabe


Autor: Achmed Khammas


Para que existiera el primer simposio sobre el tema “Literatura árabe y ciencia ficción” hubo que esperar hasta abril del 2006, cuando la literatura utópica contemporánea había adquirido, después de muchas décadas, carta de ciudadanía dentro de la historia de la literatura europea. En la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de Casablanca, Marruecos, se debatieron los siguientes puntos: ¿existe dentro del mundo árabe algún interés por la CF? ¿Por qué los escritores árabes no muestran entusiasmo por la CF? ¿Cuáles son las razones que explican la falta de difusión de este género literario, incluso dentro de la esfera universitaria?


Un libro es un jardín que llevas en tu bolsillo

Proverbio árabe

Bajo la dirección del profesor de literatura árabe Idriss Qassouri, los participantes conocieron la existencia de novelas de autores árabe-parlantes que abordan el tema del futuro. Después de haber analizado la situación actual, se lamentó que la crítica literaria tampoco se preocupe demasiado por ese género. Es ciertamente difícil presentar un análisis bien argumentado, pues hay “demasiadas teorías occidentales y muy poco material árabe.”

Hasta el momento, la óptica con la cual se aborda el género es, sobre todo, la siguiente: en 1987, después de un amplio simposio sobre la literatura infantil en los países del Golfo, la CF fue, por cierto, calificada como “fundamentalmente atractiva”, pero añadiendo que sería preferible que los libros y series televisivas se desarrollasen en un universo familiar a los niños árabes, situándose dentro de la tradición cultural árabe, y asegurándose de satisfacer los principios religiosos islámicos. La moción fue: “Liberar la imaginación infantil, sí, pero dentro de los límites establecidos”.

No fue sino hasta mediados del año 2005 que Sifat Salameh, una especialista egipcia en CF radicada en Estados Unidos, pudo criticar los sistemas educativos árabes, a los que reprocha no impulsar suficientemente la creatividad y la imaginación. Ella exige la integración de la CF a los currículum normales de las escuelas y universidades del mundo árabe .

“El interés de la ciencia ficción como género literario reside en su capacidad de estimular y fortalecer la imaginación creadora del lector. Es propiamente indispensable para desarrollar la capacidad inventiva y descubrir precozmente a creadores y personas excepcionales, que den a nuestro mundo árabe una generación de científicos poseedores del placer del descubrimiento.”

En su artículo, aparecido en el diario árabe londinense al-Sharq al-Awsat, ella cita también a Ahmed Zewail, Premio Nobel de origen egipcio:

“El verdadero científico, ese que ama su trabajo, debe saber soñar, pues si él no puede imaginar su propio mundo, no hará jamás otra cosa que lo que ya hicieron sus predecesores, y no aportará nada nuevo.”

Durante la Primera Conferencia Internacional, consagrada a la “Cyber-Ley”, organizada en El Cairo en agosto del 2005 por la Liga Árabe, el consejero en Tecnologías de la Información de la Liga, Zayn Abdelhadi, realizó asimismo una exposición sobre la influencia que ejerce la CF sobre la legislación del espacio virtual. Prueba así que la CF triunfa al introducirse poco a poco en el espacio árabe por obra de nuevas tecnologías, aún cuando, tal vez por causa de una mala interpretación, rodee de un cierto halo oriental a Neuromante, la célebre novela de William Gibson, denominándola «Nuevo Romance».

Los problemas del mundo árabe actual frente a la imaginación y la visión de futuro son, a decir verdad, sorprendentes, ya que en él, tanto como en Europa, han existido en forma muy temprana utopías, en el sentido de “sociedades ideales”, como por ejemplo la del filósofo Abu Nasr Muhammad Al Farabi, en su obra “Lo que piensan los habitantes de una ciudad perfecta”. Quinientos años antes que Thomas Moro en su Utopía, Al Farabi describía una vida de felicidad y de bienestar, donde el mejor de los Estados había suprimido todas las malas tendencias humanas. También podemos citar la novela “futurista” de Al Qazouini, compuesta en el año 1250 d.C., que cuenta la llegada a la tierra de «Awaj bin Anfaq», originario de un lejano planeta. Pero, a diferencia de lo que se producía en Europa, textos de este género permanecieron como raras excepciones. Llegados demasiado temprano, sin duda, no produjeron ningún eco.

Hoy en día, por el contrario, es de lamentar la falta de formación científica de las masas (y los autores), sin dejar de lado cierto nivel de autocrítica. Pero científicos como Hoyle, Asimov o Sagan, capaces de pensar, de escribir y de desencadenar el entusiasmo por lo que está más allá de las fronteras de lo conocido están, por el momento al menos, ausentes del mundo árabe. Y no se ha encontrado una editorial con el coraje de traducir Harry Potter (lo que no ha presentado, sin embargo, ningún problema en otras 62 lenguas).

¿LAS “NOVELAS UTÓPICAS” EN ESTADO DE EMERGENCIA?

“Los sueños pueden ser más subversivos que las ideologías políticas, ese es el motivo de que constituyan una amenaza tan grande para los realistas autoproclamados”.
Arno Grün

Se ha disertado ya demasiado sobre las razones por las cuales, en nuestros días, después de las invasiones mongoles y su cortejo de devastación, de cinco siglos de ocupación otomana, de los combates contra los Cruzados antes de ella, y contra los poderes coloniales europeos después, casi ningún árabe mantiene alguna ilusión: es que ni las luchas revolucionarias de liberación nacional, ni la gran utopía pan-árabe, ni los movimientos con fundamentos religiosos, ni el estado socialista (incluyendo sus planes quinquenales, convertidos pronto en verdaderamente utópicos), han mantenido sus promesas de traer la prosperidad a todos. A cada paso adelante le siguieron, por lo general, dos —o incluso tres— hacia atrás.

Del mismo modo, de los veintiocho ensayos efectuados hasta hoy para reunir dos o varios de los “Estados árabes” arbitrariamente creados, ninguno ha tenido éxito. Todas las visiones palidecieron rápidamente bajo la sombra de intereses geopolíticos y económicos.

Es bien cierto que las estructuras clánicas y clientelistas no son, precisamente, el terreno más fértil para que maduren las utopías, dado que las primeras obtienen su inmortalidad gracias a que mantienen firmemente el ‘statu quo’. Sólo aquello que reproduce invariablemente el conjunto de la tradición es tomado en cuenta; las ideas nuevas, por el contrario, difícilmente encuentren un oído atento.

En el fondo, todo esto carece de lógica, pues la imaginación en sí misma no presenta problemas ni para los autores árabes ni para su público.

Desde ya, los arabizados Cuentos de las Mil y Una Noches —de origen persa—, contienen diversos elementos que, desde un punto de vista científico, son del dominio de la CF (por ejemplo, la alfombra voladora). Pero dicha percepción es una percepción “occidental”, y no la de un lector árabe, para el cual la técnica contemporánea es algo complejo y extranjero, un contenedor tecnológico que se puede importar y utilizar sin necesidad de interrogarse por el contenido, del que se recela (Ejemplo: el Corán digital). Como botón de muestra, la idea del teléfono celular le sigue siendo totalmente extranjera a un árabe, hasta tanto no utilice uno él mismo. Y una vez que lo obtiene, se convierte sin transición en una evidencia. ¿No es acaso, la voluntad de Alá?

EL PORVENIR ESTÁ EN MANOS DE DIOS

“Una novela de base científica, que incorpore una dimensión imaginaria, no encontrará una acogida favorable en un entorno donde reinan las respuestas prefabricadas y se rechaza la cultura del conocimiento”
Doctor Omar Abdelaziz

La ausencia casi total del elemento “futurista” es una de las características de conjunto de la literatura árabe, y también, sin duda, de la vida cotidiana. Dado que el porvenir sólo pertenece a Dios, es casi sacrílego querer inmiscuir la propia imaginación dentro de Sus Planes.

Si los europeos se pusieron a practicar la huída hacia el futuro para escapar al oscurantismo medieval, los países árabes están todavía lejos de haber, siquiera, franqueado la salida. Por el momento prefieren mirar hacia un pasado glorioso, que parece más luminoso y brillante que cualquier porvenir imaginable dentro de economías nacionales desesperantes, bajo regímenes políticos rígidos y la presión creciente de la globalización. Este comportamiento es comprensible, pues la mayoría de los ciudadanos árabes experimentan todo esto de forma continuada, y la realidad cotidiana prueba sobradamente que la guerra está lejos de concluir.

La única promesa de salvación que les queda es la que les ofrecen las religiones. Pero sus mismos representantes están bien lejos de proponer a la gente alternativas creíbles y proyectos sociales atrayentes. Por otra parte, tomada en estricto sentido islámico, “imaginación” significa “potencia creadora”, y la capacidad de crear sólo la pertenece a Dios.

Son, por lo tanto, duros tiempos para los escritores de CF árabe parlantes.

¿LA CF NO INTERESA?

Personalmente, fue a los catorce años que comencé a leer “novelas utópicas”, nombre con el que se las conocía entonces. Gracias al Instituto Goethe de Damasco, tuve acceso desde los años 60 a las primeras traducciones publicadas por ediciones Goldmann. Como frecuentaba, en la misma época, un establecimiento escolar árabe, pude provocar con regularidad el entusiasmo de mis camaradas, resumiéndoles esas historias de ciencia ficción. El gusto de los jóvenes por lo imaginario y las utopías parece traspasar sin inconvenientes las fronteras culturales.

En los años 80 compuse yo mismo algunos relatos, que publiqué en Heyne bajo el seudónimo de Ghassan Homsi, pero en mi entorno árabe el interés por los futuros posibles parecía disminuir de manera dramática con la edad. Casi nadie obtenía ya placer de ascensores orbitales, nanotecnologías o de las esferas de Dyson. La maquinaria social los había atrapado, y el tiempo se había detenido. Aún hoy, los artículos o entrevistas a autores de lengua árabe no mencionan más que a Verne y Wells, y sólo ocasionalmente surgen los nombres de Orwell, Asimov o Sturgeon.

Los más jóvenes, al contrario, conocen las películas y series televisivas de CF tan bien como lo hacen los del resto del mundo. En los foros de Internet se constata rápidamente que no sólo Terminator, la Guerra de las Galaxias, Alien y Matrix han causado fuerte impresión, sino también 2001, Blade Runner y El Guardián. ¿Por qué estos mismos jóvenes no se interesan en la CF en lengua árabe?

EGIPTO, A LA VANGUARDIA

Fue en Egipto donde se compusieron, hace más de cincuenta años, las primeras obras de CF árabes de los tiempos modernos. Otros países árabes les siguieron el paso un cuarto de siglo más tarde. Pero no tuvieron mayor proyección.

Los especialistas en literatura computan treinta y cinco novelas de CF aparecidas, hasta ahora, dentro de este espacio lingüístico. Lo que no debe ser del todo exacto, dado que sólo en Egipto se publicaron más de veinte novelas, como Los habitantes del otro mundo, o Fuga en el cosmos, y unas quince antologías de cuentos (cito Salven a este planeta, o Cinco minutos de vida). Así mismo, numerosos autores árabes han flirteado con la CF, pero sólo un pequeño número de ellos ha escrito más de una novela o relato. Por lo demás, raramente exceden las 100 o 150 páginas.

El dramaturgo y cuentista egipcio Taoufiq Al Hakim abordó en dos ocasiones, en el transcurso de su carrera literaria, temas de CF: en 1953, en la novela breve El año un millón, y en 1958 con la obra de teatro Viaje al futuro.

Youssef Izzeedeen Issa escribió varias piezas radiofónicas de CF, que fueron difundidas por la radio egipcia a partir de 1957. Muy a menudo, se designa la novela La araña, de Mustafa Mahmoud (1964), como la primera novela “verdadera” de CF; el mismo autor publicó más tarde, en 1967, Un hombre bajo cero. Las antologías poéticas Viajes y medallas, y Rupturas, de Ahmed Suouailam contienen numerosos elementos típicos de la CF.

La primera novela publicada por una mujer fue El crimen de un mundo, de Omayma Khafaji.

Los autores Nihad Sharif y Muhammad Al Achri fueron aún más prolíficos. Nacido en 1932, Nihad Sharif es considerado el representante de una CF árabe disciplinada, que se permite pocos desbordes. Diplomado en historia, comenzó a escribir en 1949 y sus textos fueron publicados en la mayor parte de las revistas y diarios árabes.

Su primera novela, Los vencedores del tiempo, fue seguida por otras seis, así como por ocho colecciones de relatos, y dos obras de teatro. Su primera obra trata de la criogenización o congelación de seres humanos: en su instituto de Hélouan un médico descubre un método que funciona, y secuestra, con la complicidad de su asistente, a varios científicos de diferentes nacionalidades, con el propósito de criogenizarlos para explotarlos luego. Este plan diabólico es descubierto por un joven periodista. Esta breve novela fue filmada poco después, con Nour Al Sharif (Mohammed Jaber) en el rol principal.

Habitantes de otro mundo reúne muchos elementos característicos de las utopías. Unos científicos desarrollan exitosamente, en una base submarina, importantes tecnologías. Pensando en el bien de la humanidad, intentan obligar a los Estados del mundo entero a concertar una paz durable y a destruir todas las armas, en particular las atómicas. Pero los submarinos de los sabios son bombardeados por aviones no identificados. Solamente un científico sobrevive y logra refugiarse en su base secreta, desde donde recomenzará su lucha.

Muhammad Al Achri ha publicado hasta el presente cuatro novelas: Las jóvenes hijas de los soñadores de mitos, El manantial de oro, Las manzanas del desierto y, finalmente, El halo luminoso. Próximas a editarse: Un aroma de días olvidados y El jardín de las almas.

Nacido en El Cairo, este joven geólogo especialista en petróleo, que también posee un diploma de traductor, ha recibido ya varios premios. De niño, leyó acerca de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y se propuso tempranamente construir una “anti-bomba”, que aspiraría y comprimiría las radiaciones.

Cómo reparar y limitar sus estragos, esos serán los temas fundamentales de sus obras posteriores, inspiradas a menudo por la vida en los campamentos del desierto. Y la solución, es siempre el amor, en total conformidad con el romanticismo oriental. Es lo que surge de su blog en árabe, en el cual coloca también comentarios sobre la situación de la CF árabe en general:

“La poca difusión de la CF en el espacio literario árabe se explica por nuestro retraso científico en lo cotidiano. (…) La mayoría de los nuevos términos tecnológicos nos parecen, bajo su forma árabe, poco familiares y complicados, y por consiguiente, no solemos utilizarlos” (Muhammad Al Achri)

En Al Achri, descubrimos nuevas ideas y “auténticos” elementos de CF. En El halo luminoso, el autor se interesa en energías alternativas. Como la arena del desierto está frecuentemente recubierta por una ínfima película de óxido ferroso, elemento conductor de la electricidad, los granos de arena producen, por frotamiento entre ellos, una carga eléctrica. Esto permite construir una máquina en la que la arena se electrifica bajo la acción de caóticas corrientes de aire, y la electricidad generada de este modo es de inmediato recuperada y utilizada. Esta idea de emplear la arena de los desiertos para producir electricidad puede ser considerada anticipatoria, pues el autor ignoraba en esa época que dicho método, poco tiempo después, no tendría nada de “ficción científica” dado que en Europa se habla de utilizar industrialmente el silano, un compuesto químico análogo al metano, pero derivado del silicio. Por encima de los 420º C se descompone en silicio e hidrógeno, prestándose a diversos procesos industriales.

Y es justamente en Egipto que reencontramos un fantasma de los años 50, una época en que se ignoraban ampliamente, incluso en el mundo occidental, las publicaciones ‘baratas’ y la literatura de kiosco, negándoles a sus autores cualquier valor literario. Pues prácticamente nadie osa hablar de Nabil Farouk, autor y editor de varias colecciones de policiales y CF, leídas principalmente por niños y jóvenes, y que hacen recordar la colección “Tres signos de interrogación”, aunque proyectada hacia el cosmos.

Este médico egipcio, que desde hace tiempo no practica su profesión, recibió en 1979 el Premio del Castillo de la Cultura de Tanta por su relato “La profecía”, que abrió la serie Cocktail 2000, y ganó en 1984 el concurso de la publicación kuwaití “Los mundos del libro” con “Los rayos de la muerte”, que inició, a su vez, la serie Archivo Futuro. Esta última obra pone en escena a un intrépido grupo de jóvenes de ambos sexos, en lucha contra todo un conjunto criminal, donde entran tanto fabricantes de armas ilegales como invasores extraterrestres, ocultos por millones de años debajo de la superficie terrestre. Utiliza todos los recursos del género, desde mundos paralelos hasta viajes en el tiempo y el espacio. Inserta también un buen número de consideraciones filosóficas, como una especie de “chalecos salvavidas” destinados a evitar que las historias naufraguen en la marea desbordada de la pura acción. Sea como sea, estas colecciones logran que, en este momento, Nabil Farouk sea el autor de CF más célebre del mundo árabe.

LOS OTROS PAÍSES ÁRABES

El primer título de CF árabe fuera de Egipto es la novela Elixir de vida, del marroquí Mohammed Aziz Al Habbabi, aunque este libro fue el único esfuerzo de dicho autor en el género. En 1979 apareció en Marruecos una segunda novela, La marea azul, de Mohammed Abdessalam Al Baqqali.

En Irak las primeras obras de CF fueron publicadas hacia mediados de los años 80. Se trataba de la novela La mancha verde, de Kassem al-Khattat, en 1984, y de las antologías de relatos Pulsaciones de vida, de Muouaffaq Uays Mahmoud, y El planeta verde, de Ali Karim Kathem (ambas de 1987). En 1992 la novela El hombre múltiple, de la kuwaití Tiba Ahmad Al Ibrahim, seguida por otro par de obras, marca, junto a las de la egipcia Omayma Khafaji, el debut femenino en la CF árabe.

Durante los años 90, el número de autores dedicados al género aumentó; podemos citar a Kassem Kassem en el Líbano; a Mustafa Al Kailani en Túnez, a Abdallah Khalifa en Bahreïn y a Mussah Ould Ibno en Mauritania. La escritora siria Lina Kailani ha compuesto cuarenta textos, mientras el jordano Sulaiman Mohammed Al Khalil se ocupa de la clonación con un humor negro que, desgraciadamente, resulta muy raro encontrar en la literatura árabe. Las antologías de relatos Cazadores de espíritus (1997) y Nostalgia de las estrellas (2000), de Ashraf Faqih, se pueden encontrar en las librerías de Arabia Saudí.

El sirio Talab Omran, nacido en 1948, merece una mención especial. Considerado también como uno de los pioneros de la CF árabe, en agosto del 2005 su bibliografía comprendía ya cuarenta y cinco novelas y antologías de relatos. Omran es doctor en Astronomía y ha sido, por más de catorce años, el conductor de un programa científico en la televisión siria. En este momento dirige el departamento de Matemáticas e Informática en la Facultad de Ciencias de la Educación de Al Rastan.

Su primera obra, El planeta de los sueños (1978), fue seguida por numerosas novelas. Cito: Viajeros más allá del sol (1979), Sobre la luna no hay pobres (reeditada en 1983, 1997 y 1999), y también Fuente de sombras (1995). La novela Misterios de la ciudad de la sabiduría, fechada en 1985, ha sido traducida al inglés en 1992 y publicada en India. Sus novelas y relatos fueron enseguida publicados en tres ocasiones, a partir de 1997, por la editorial de orientación islámica Dar Al Fiqr de Damasco. La mayoría suma entre 100 y 150 páginas y cuesta de dos a cuatro dólares. Las estadísticas dan testimonio del creciente interés por la CF: el editor publicó sólo cuatro libros en 1997, suma que trepó a los ocho en 1999, y ya llega a doce en el 2004.

Omran reniega contra los que estropean el género al imaginar escenarios ilógicos o anti-científicos. Que hagan aterrizar sobre Júpiter (¡un planeta gaseoso!), o sobre los anillos de Saturno, “una nave espacial árabe”, o volar hasta la Luna en un ascensor (que, previamente, ha atravesado el techo de un edificio de varios pisos), o que hagan andar a un niño por el aire dentro de una pompa de jabón, son cosas que lo sacan, puntualmente, de las casillas. Todo eso entra, más bien, en la onda de las Mil y Una Noches. Pues allí sí todo está permitido, la fantasía no tiene límites ni el relato un final.

CONCLUSIÓN

Hasta el presente, no ha habido más que un número escaso de escritores de CF seria, o de “verdaderos” autores de CF árabes. Tampoco contamos con un Perry Rhodan árabe para poder determinar, a la hora de la oración, la ubicación de la Meca en el hiperespacio. Los autores todavía son juzgados con los niveles estándar de la literatura tradicional, y resultan acremente criticados cuando se ocupan de asuntos tabú.

La distribución y el marketing son, en general, ineficientes —incluso dentro de un mismo país árabe— y a pesar de la organización de Ferias del Libro la producción de los vecinos sigue siendo poco conocida. Sólo Internet permite el intercambio entre jóvenes autores. La Red salva del naufragio total. Y poco a poco, hay más interesados en prestar atención.

En febrero del 2006 el periódico libanés An-Nahar comunicó su intención de consagrar una parte de su página “Literatura” a la CF. Las periodistas Jumana Haddad y Zaynab Assaf invitaron a los autores a enviarles sus textos. Pero —¡oh, frustración!— constataron que incluso aquellos jóvenes autores a los que habían escrito personalmente no respondieron a la convocatoria. El análisis que ellas hicieron es virulentamente crítico, pues tampoco aceptan los argumentos generalmente admitidos. ¿Carencia de entorno científico? Cyrano de Bergerac tampoco contaba con él, trescientos años antes de la Apolo. ¿Falta de imaginación? Es absolutamente falso, aún cuando los excesos de imaginación árabes tienden, por lo general, a las expansiones líricas. ¿Ahogados por la lucha por el pan cotidiano, el sexo, la supervivencia? ¿Acaso no es cierto que muchas de las mejores obras de la CF fueron escritas en medio de catástrofes personales, nacionales o mundiales? En resumen, las dos periodistas culpan, en primer lugar, al factor lingüístico:

“La lengua árabe es básicamente ‘hostil’ a la terminología científica. La nomenclatura científica no es armoniosa, ni se acomoda al idioma. La educación científica se brinda, por esta causa, en inglés o francés, y el pensamiento científico se encuentra desconectado de nuestro idioma. Traducir (textos científicos) es difícil, por no decir imposible.”

Se pueden entender fácilmente las reticencias de los editores ante las traducciones, cuando se ve que CF “hard” ¡se traduce como CF “pesada”! Incluso acompañada con esta explicación: esta CF es difícil porque utiliza leyes y teorías científicas extremadamente precisas, ¡exigiendo del autor un alto grado de especialización! ¿Qué editor va entonces a arriesgarse con Banks, Brin o Vinge?

En el curso del simposio previamente mencionado sobre “Literatura Árabe y Ciencia Ficción” se decidió, en todo caso, que era urgente proseguir el estudio del género dentro de la literatura árabe. Y tal vez nosotros mismos podamos presentar, en el Simposio Internacional previsto para abril del 2008 en Casablanca, algunas nuevas novelas de CF, algunos nuevos jardines de la imaginación para llevar en los bolsillos. ¡Toda la juventud árabe nos quedará agradecida!

Una perlita para finalizar. El 24 de diciembre de 2005 la Libyan Bager Jassem Mohammad publicó, en “Diálogo civilizado”, sitio independiente de orientación izquierdista, un relato de CF, “Un mundo sin colores”.

En él, científicos procuran determinar cuál es el mejor color para el entorno humano. Se repintan completamente, por lo tanto, cinco ciudades, cada una con un color diferente. Edificios y vehículos, vestimentas y artículos de todo tipo, en breve todo es de un mismo color. El análisis estadístico de los resultados del experimento, que concluye catastróficamente, revela que los daños tuvieron la misma amplitud en todas las ciudades, pues un mundo de un solo color es un mundo sin color.

El mundo árabe ofrece muchos aspectos que merecerían justificadamente una conclusión semejante.

Traducción del alemán al francés: Michèle Mialene. Revisada por Fausto Giudice, miembros de Tlaxcala, traductores por la diversidad lingüística (www.tlaxcala.es).

Traducción del francés al castellano: Olga Appiani de Linares.

Fuente: http://www.webislam.com/?idt=8929