2 dic. 2007

Gunnar Ekelöf - Cabeza de serpiente - Silfos de fuego




1

Cabeza de serpiente

Mucho se podría decir sobre el Diablo
No está muerto, vive
¿Cómo podría haber sido abolido
por un dios constantemente ausente?

Está presente
Mira con tus propios ojos, mira con sus ojos
Puede aparecerse en cualquier sitio
Quizá sea bueno, quizá él seas tú
Quizá seas malo, pero tú existes
¿Qué es pues un bien ausente? ¿Un mal presente?
¡Lo incesantemente activo!


2

Silfos Fuego

Solo en la Noche silenciosa
me sentiré a gusto sin nombre
sin identidad alguna
¿qué clase de identidad tienen las estrellas
cuando se reflejan sobre la superficie de un mar?
Todavía menos su polo opuesto, yo, en las tinieblas

-Pero mira donde pisas, tú, hermoso pie desnudo
en la playa delante de la fachada de un hotel
Un resto de lo que un día fue frivolidad en mí
Acaso haya sido arrojado a la playa por las olas o el viento
y por casualidad tú puedes pisarlo
tú, inconsciente, que llevas el fiel de la balanza
de la juvenil conciencia de tu cuerpo
y la pesada certeza de lo que le espera
No naciste de la espuma de las olas
Al contrario, tú surgiste no nacida
Hundiendo el pie en la espuma
a ti no te podía llevar concha alguna
Un Atlante hubiese encontrado pesada la carga
tanta carne, una matriz tan poco desembarazada
una cabeza desordenada incapaz de captar una idea
¡Algún día tú, un granito de polvo,
te encontrarás conmigo, el Desconocido!
Un granito de polvo será recibido por una Futilidad
y un nuevo mundo será creado
con un poco de Sin-nombre y todavía menos nombres
-Yo soy de Aire
Solamente en mí el Fuego no tiene nada que comer
Dame un trozo de madera donde fijarlo
un trozo de icono donde pueda agarrarse
Si no le puedo dar nada que comer
seré aniquilado. Hay que ser visible
para poder fijar una mirada semejante.




Trad.: Francisco J. Uriz
En Diwan, una trilogía

Madrid, Alianza Editorial, 1982