18 nov. 2007

Friedrich Nietzsche - El nuevo Colón (poema)



Cuando en 1882, Nietzsche finalizaba el Gay saber, su India desconocida se había transformado en realidad: pensaba haber desembarcado en las costas de un mundo ignorado, formidable, sin nombre, del cual todavía nada sabía, salvo que se hallaba ahí lo que el pensamiento puede atacar o destruir. Creía haber colocado un océano infranqueable entre él y toda posibilidad de refutación intelectual, y se imaginaba encontrar una tierra virgen, situada más allá de toda crítica.

Oímos cómo resuena el júbilo altivo de esta certidumbre en los versos que escribió, a modo de dedicatoria, en mi ejemplar del Gay saber:

El nuevo Colón

"No te fíes nunca, amiga mía,
de un genovés" -así Colón decía-;
todos ellos sepultan con codicia
en los mares lejanos la mirada.
A mí sólo me gustan las remotas,
desconocidas y extranjeras playas.
Génova desaparece allá a lo lejos.
¡Se hiela el corazón! ¡Mano a la barra!
Ante mí el mar sin fin. ¿Cuándo la imagen
surgirá de la tierra codiciada?
¡A pie firme esperemos impacientes!
Es imposible ya la retirada.
Arriba, en el espacio, nos saludan,
agitando las alas:
una dicha común, la misma muerte,
y, al fin, la misma fama.

Pero se equivocaba con respecto a la novedad del continente que había descubierto. No estaba ubicado "más allá de todos los mundos conocidos". Su error estaba del lado opuesto al de Colón, quien, buscando un mundo antiguo, descubrió uno nuevo. Ya que Nietzsche, habiendo realizado la vuelta a la tierra sin darse cuenta, había ido a parar a la costa opuesta que creía irrevocablemente haber abandonado el día en que se había alejado a la metafísica.


En Lou Andreas Salomé, Nietzsche,
México, Juan Pablos Editor, 1985