28 oct. 2007

Mahmud Darwish - Regreso del poeta modesto - Entrevista






¿Cuánta emoción sentirá por su próxima visita a Haifa? ¿Qué impacto le producirá saber que se han vendido en un día 1200 entradas (de un total de 1450) para su recital poético de este domingo en un auditorio de Monte Carmelo?

*¿Esta acogida mueve a Mahmud Darwish, conocido como el poeta nacional palestino, que en los últimos años ha vivido en Amman y ocasionalmente en Ramallah?

Cuando pasé de los cincuenta años, aprendí a controlar mis emociones”, dice Darwish durante una conversación que tiene lugar en Ramallah. “Yo voy a Haifa sin ninguna esperanza. Tengo una barrera en mi corazón. Tal vez en el momento del encuentro con el público, unas cuantas lágrimas caerán en mi corazón. Espero una cálida acogida, pero me temo que el público se decepcionará porque no voy a leer muchos poemas antiguos. No quiero aparecer como un patriota, un héroe o un símbolo. Quiero aparecer como un poeta modesto.

¿Cómo se transforma uno de símbolo del espíritu nacional palestino en un poeta modesto?

El símbolo no existe ni en mi subconsciente ni en mi imaginación. Estoy haciendo esfuerzos para romper las demandas de símbolo y acabar con este estado icónico; para acostumbrar a la gente a tratarme como una persona que desea desarrollar su poesía y el gusto de sus lectores. En Haifa voy a ser real, lo que soy. Y voy a elegir poemas de un alto nivel.

¿Por qué desprecia sus poemas antiguos?

Cuando un escritor declara que su primer libro es el mejor, eso es malo. Yo progreso de un libro a otro. Todavía no he decidido qué leeré al público. No soy tonto. No los decepcionaré. Sé que muchos desean escuchar poemas antiguos.

Darwish llegó a Ramallah, procedente de Amman, el lunes por la mañana de esta semana. Estaba preparado para realizar encuentros de trabajo los días siguientes y luego ir a Haifa, la ciudad en la que embarcó en su trayectoria literaria en la década de los años cincuenta. Todavía no sabe como irá – hay muchos voluntarios que desean llevarle al encuentro en Haifa con los residentes en Galilea. La velada está siendo organizada por Siham Daoud, poeta y editor de la revista literaria Masharef, en colaboración con el partido político árabe-judio Hadash. Darwish hablará y recitará unos veinte poemas. Samir Yubrán le acompañará al laúd y el cantante Amal Murkus asesorará. Darwish espera que el ministro del Interior le permita permanecer en Israel una semana, aunque el permiso de entrada que le han concedido es válido sólo para dos días.

La conversación con el poeta tiene lugar a las cuatro de la tarde en el centro cultural Jalil Sakakini en Ramallah. El magnífico y bien conservado edificio contiene una galería de arte y una sala para películas y conciertos. También hay una amplia oficina desde la que Darwish edita la revista de poesía Al Karmel.

La sala en la que estamos contiene una biblioteca rica en libros árabes, entre los cuales hay intercalados algunos ejemplares en hebrero. Se trata de una colección poética editada por la revista literaria hebrea Iton 77, Na’ama Shefi’s “El círculo de los mitos: Israelis, Wagner y los nazis”, y también ejemplares de la revista literario-política Mita’am, editada por el poeta Yitzhak Laor, y una colección poética de Sami Shalom Chetrit.

Darwish, más delgado que de costumbre y elegantemente vestido, es cordial. Teniendo en cuenta que hace ocho años fue diagnosticado clínicamente muerto y volvió a la vida casi milagrosamente, su aspecto es saludable y parece más joven de sus 66 años.

¿Hay alguna esperanza para esta nación? Pregunto, y Darwish, el gran pesimista, pregunta a su vez que a qué nación me refiero. “Aunque no haya esperanza, estamos obligados a inventar y crear esperanza. Sin esperanza estamos perdidos. La esperanza debe brotar de las cosas sencillas: del esplendor de la naturaleza, de la belleza de la vida, de su fragilidad. Uno debe olvidar las cosas esenciales ocasionalmente para mantener la mente sana. Es duro hablar de esperanza en esta época, es como si estuviéramos ignorando la historia y el presente, como si estuviéramos mirando al futuro separándolo de lo que está sucediendo en este momento. Pero para vivir, debemos inventar esperanza a la fuerza.

¿Cómo hace usted eso?

Yo soy un trabajador de metáforas, no un trabajador de símbolos. Creo en el poder de la poesía, que me da razones para mirar adelante e identificar un destello de luz. La poesía puede ser una auténtica desalmada. Deforma. Tiene el poder de transformar lo irreal en real y lo real en imaginario. Tiene el poder de construir un mundo que está reñido con el mundo en el que vivimos. Yo considero la poesía una medicina espiritual. Puedo crear con palabras lo que no encuentro en la realidad. Es una tremenda ilusión pero positiva: no tengo otra herramienta con la que encontrar un sentido para mi vida o para la vida de mi nación. Tengo el poder de otorgarles belleza por medio de palabras y plasmar un mundo bello y también expresar su situación. Una vez dije que yo construyo con palabras una patria para mi nación y para mí.

Usted una vez escribió: “Esta tierra impone el asedio a todos nosotros”, y ahora más que nunca el sentimiento de desaliento e impotencia es arrollador.

La situación actual es la peor que se pueda imaginar. Los palestinos son la única nación en el mundo que sienten con certeza que hoy es mejor que lo que los días venideros depararán. Mañana siempre trae una situación peor. No es una cuestión existencial. Yo no puedo hablar del lado israelí, no soy experto en eso. Sólo puedo hablar del lado palestino. En 1993, durante el acuerdo de Oslo, yo sabía que el acuerdo no garantizaba que fuéramos a lograr la verdadera paz basada en la independencia para los palestinos y el fin de la ocupación israelí. A pesar de todo, sentía que la gente albergaba esperanza. Pensaban que quizá una mala paz era mejor que una victoriosa guerra. Aquellos sueños se vieron decepcionados. La situación ahora es peor. Antes de Oslo no había controles, los asentamientos no se habían expandido como ahora y los palestinos tenían trabajo en Israel.

¿Cree usted que la disposición para la paz era mutua?

Los israelíes se quejan de que los palestinos no los quieren. Eso es gracioso. La paz se acuerda entre Estados y no se basa en el amor. Un acuerdo de paz no es un convite de boda. Yo entiendo el odio hacia los israelíes, cualquier persona normal odia vivir bajo ocupación. Primero que se establezca la paz y luego que se contemplen los sentimientos como amor o no amor. A veces, después de establecerse la paz, no hay amor. El amor es un asunto privado, no se puede forzar.

¿De qué esperanza está usted hablando?

Yo acuso a la parte israelí de no mostrar disposición a terminar la ocupación en la franja de Gaza y Cisjordania. El pueblo palestino no pretende liberar Palestina. Los palestinos quieren llevar una vida normal en el 22 % de lo que ellos piensan que es su patria. Los palestinos consideran que se debe hacer una distinción entre patria y estado. Comprenden el desarrollo histórico que ha conducido a la presente situación en la que dos pueblos están viviendo en la misma tierra y en el mismo país. A pesar de esta buena voluntad, no queda nada de lo que hablar.

Ha mencionado la franja de Gaza. ¿Qué piensa de la nueva realidad allí?

Es una situación trágica, un ambiente de guerra civil. Lo que sucede entre los partidarios de Fatah y los partidarios de Hamas en Gaza refleja un horizonte cerrado. No hay un estado palestino ni una autoridad palestina y la gente allí está luchando contra ilusiones. Cada una de las partes quiere tomar el control del gobierno. Todo es “como si”: como si hubiera un estado, como si hubiera un gobierno, como si hubiera un ministro o esto o aquello, como si hubiera una bandera, como si hubiera un himno. Mucho como si pero sin contenido. Es como si metes a la gente en prisión –la franja de Gaza es una gran prisión- y los prisioneros son pobres y carecen de todo, están desempleados y carecen de asistencia médica básica: encontrarás gente sin esperanza, lo cual crea un manifiesto sentimiento natural de violencia interna. No saben contra quién luchar, por eso luchan entre sí. Eso es lo que se llama guerra civil. Es una explosión entre presiones mentales, económicas y políticas.

¿Le alarma el ascenso del fundamentalismo de Hamas?

Hay un conflicto cultural entre la parte laica que cree en el multiculturalismo y una patria nacional y la gente que considera Palestina exclusivamente bajo el prisma de la herencia. No me asusta desde el punto de vista político. Es una alarma cultural. Su inclinación a imponer sus principios a los demás no resulta cómoda. Ellos creen en una democracia trasnochada , y eso solo para ganar las elecciones y lograr el poder. Pero son una catástrofe para la democracia. Es una democracia antidemocrática. Ambos partidos, Fatah y Hamas, no pueden permanecer inflexibles. Ahora, cuando la sangre está caliente y las heridas sangran, es duro hablar de diálogo, pero al final, si Hamas pide perdón por lo que hizo en Gaza y rectifica los resultados de la campaña en Gaza, será posible hablar de diálogo. Es imposible ignorar a Hamas como fuerza política que tiene partidarios en la sociedad oalestina.

Así que usted está de nuevo jugando en las manos de Israel, lo cual es fruto en cierto modo de esta situación.

Israel proclama continuamente que no tiene interlocutores, incluso cuando hay alguien dispuesto al diálogo. Ahora dicen que es posible hablar con Mahmoud Abbas, pero Abbas estaba allí antes de que Hamas ganara las elecciones. ¿Qué puede Abbas hacer si no han quitado ningún control? Es la política israelí lo que impulsa a los palestinos al extremismo y a la violencia. Los israelíes no quieren dar nada a cambio de la paz. No quieren retirarse a las fronteras de 1967, no quieren hablar del derecho del retorno o de la evacuación de los asentamientos, y por supuesto, no quieren hablar de Jerusalén. Entonces, ¿hay algo de qué hablar? Estamos en un callejón sin salida. Yo no veo el final de este oscuro túnel mientras Israel sea incapaz de diferenciar la historia de la leyenda.

Los Estados árabes están dispuestos a reconocer a Israel y están pidiendo a Israel que acepte la iniciativa árabe de paz que consiste en la retirada a las fronteras de 1967 y el establecimiento de un Estado palestino a cambio no sólo de reconocer plenamente a Israel sino también por la normalización de las relaciones. Dígame quién está perdiendo la oportunidad. Se dice siempre que los palestinos nunca pierden una oportunidad porque sí. ¿Por qué está Israel emulando el rechazo de los árabes?

¿Cree que vivirá lo suficiente para ver algún acuerdo entre las dos naciones?

Yo no desespero. Soy paciente y estoy esperando una revolución profunda en la consciencia de los israelíes. Los árabes están dispuestos a aceptar a un Israel fuerte con armas nucleares – todo lo que tienen que hacer es abrir las puertas de su fortaleza y establecer la paz. Dejar de hablar de los profetas y de la tumba de Raquel. Estamos en el siglo XXI- Mire lo que está sucediendo en el mundo. Todo ha cambiado, aparte de la posición israelí que, como he dicho, mezcla la historia con la leyenda.

La terrible asociación entre tierra y muerte se está ahora dando por sentado en ambos lados.

He dicho que los políticos tienen que realizar una revolución cultural en Israel para comprender que es imposible pedir a los jóvenes de Israel que esperen la próxima guerra. La globalización afecta a la juventud; desean viajar y vivir fuera del ejército. No espere que haga una comparación entre la desesperación de los dos lados del conflicto. Si la desesperación existe entre los israelíes, es una buena señal. Tal vez la desesperación ejerza presión sobre los dirigentes para crear una nueva situación.

¿Sabe cuál es la diferencia entre un general y un poeta? El general cuenta el número de muertos entre el enemigo en el campo de batalla, mientras que el poeta cuenta cuántas personas vivas han muerto en la batalla. No hay enemistad entre los muertos. Hay un enemigo: la muerte. La metáfora es clara. Los muertos de ambos lados no son enemigos.

¿Se puede producir una situación que le impulse a dedicarse a la política, como hizo Vaclav Havel, por ejemplo?

Havel pudo haber sido un buen presidente, pero no se le conoce como un escritor excepcional. A mí se me da mucho mejor escribir poemas que la política.

¿Quiere anticiparnos lo que dirá en el recital poético?

Quiero hablar de cómo me marché del Carmelo y cómo he regresado y me pregunto por qué me marché.

¿Se arrepiente de haberse marchado en 1970, cuando formando parte de una joven delegación comunista viajó a Egipto y nunca regresó?

A veces el tiempo genera sabiduría. La historia me ha enseñado el significado de la ironía. Siempre me preguntaré: ¿Me arrepiento de haberme marchado en 1970? He llegado a la conclusión de que la respuesta no es importante. Quizá la pregunta de por qué me marché del Monte Carmelo es más importante.

¿Por qué lo hizo?

Para regresar 37 años después. Eso quiere decir que no me marché del Carmelo en 1970 ni regresé en 2007. Todo es una metáfora. Si en este momento estoy en Ramallah y la próxima semana estoy en el Carmelo y recuerdo que no he estado allí desde hace casi 40 años, el círculo se cierra y todos esos largos años habrán sido una metáfora. Pero no asustemos a los lectores. No intento llevar a cabo el derecho al retorno.

¿Y si hubiera una constelación que hiciera posible su regreso a Galilea, Haifa y a la familia hoy?

Usted fue testigo de las fuertes emociones cuando hice mi primera visita, en 1996, después de una ausencia de 26 años. Iba a encontrarme con Emile Habibi para participar en una película sobre su vida. Hasta grité y deseé permanecer en Israel. Pero si me lo pregunta hoy, no estoy dispuesto a cambiar mi carné de identidad palestino por uno israelí. Lo relevante ahora es lo que he hecho durante estos años: escribo mejor, he progresado y he beneficiado a mi nación desde el punto de vista literario.

Algunos han sido críticos por elegir leer sus poemas este mes, aprovechando la situación política y el asunto de Azmi Bishara.

Nosotros estamos vivos, y no sé lo que está bien y lo que no. Todo nuestro tiempo y nuestra distribución del mismo está dislocado. Esta no es mi primera visita. Estuve aquí en 1996 y declamé una elegía en el funeral de Habibi; y también estuve en el 2000 y leí mis poemas en Nazareth, y estuve en un acto de una escuela a la que asistí en Kafr Yasif. No puedo tomar partido en las disputas entre partidos políticos. Soy un invitado de todo el público árabe de Israel y no diferencio entre el movimiento islámico, Hadash y Balad. Soy el poeta de todos ellos. No debo olvidar que hay muchos poetas que me odian y también hay odio entre los que se consideran poetas. La envidia es una emoción humana, pero cuando se convierte en odio, es otra cosa. Los hay que me consideran una amenaza literaria, pero yo los veo a ellos como niños que deben rebelarse contra su padre espiritual. Tienen derecho a matarme, pero que sea a un alto nivel, en un texto.

¿Tiene relaciones con intelectuales judíos israelíes?

Tengo contacto con el poeta Yitzhak Laor y con el historiador Amnon Raz-Krakotzkin. He leído menos en hebreo durante los últimos 20 años, pero me interesan algunos escritores israelíes.

¿Se siente halagado por el hecho de que hace siete años Yossi Sarid, que entonces era ministro de Educación, quiso introducir sus poemas en la asignatura de Literatura, con el resultado de que algunos miembros de la derecha le amenazaron con disolver la coalición?

Me da igual que en la asignatura de literatura se estudien o no mis poemas. Cuando me enteré de que iba a haber una moción de censura, me pregunté con ironía dónde estaba el orgullo israelí. ¿Cómo se puede derrocar un gobierno por un poeta palestino, cuando hay otras razones para hacerlo? Me da igual que los alumnos estudien o no mis poemas en las escuelas árabes porque los alumnos generalmente odian la literatura que les obligan a estudiar.

¿Dónde está su casa?

Yo no tengo casa. Me he trasladado y he cambiado de casa tan a menudo que no tengo casa en el sentido profundo de la palabra. Mi casa es el lugar donde duermo, leo y escribo, y eso puedo hacerlo en cualquier parte. He vivido en más de veinte casas, y siempre me he dejado en ellas medicinas, libros y ropa. Yo huyo.

En el archivo de Siham Daoud hay cartas, manuscritos y poemas que usted dejó en 1970.

Yo no sabía que no iba a regresar. Pensé que intentaría no regresar. Yo no elegí la diáspora. Durante diez años tenía prohibido salir de Haifa, y durante tres de estos años estuve en arresto domiciliario. No siento especial nostalgia por ninguna casa. Al fin y al cabo, una casa no son sólo los objetos que uno ha acumulado. Una casa es un lugar y un ambiente. Yo no tengo casa.

Todo se parece: Ramallah es como Amman y como París. Tal vez porque he vencido a la nostalgia, no me conviene caer en ella nunca más, o tal vez las emociones me hayan abandonado. Puede que la razón haya vencido a la emoción y la ironía se haya intensificado. Ya no soy el mismo.

¿Es por eso por lo que nunca ha formado una familia?



Mis amigos me recuerdan a veces que me he casado dos veces, pero yo en realidad no me acuerdo. No me arrepiento de no haber tenido un hijo. Quizás habría ido por mal camino. No sé por qué intuyo que no habría ido por buen camino. Pero lo que tengo claro es que no me arrepiento.

¿Entonces de qué se arrepiente?

De que publiqué poemas siendo muy joven, y son poemas malos. Me arrepiento de haber causado daño con palabras a un amigo o haber sido grosero o brusco. Quizá no he sido fiel a ciertos recuerdos, pero no he cometido ningún crimen.

¿Le gusta su soledad?

Mucho. Cuando tengo que acudir a una cena, siento que estoy sufriendo un castigo. En los últimos años me gusta estar solo. Acudo a los demás cuando los necesito. Tal vez sea un egoísta, pero tengo cinco o seis amigos. Son muchos. Tengo miles de conocidos, pero eso no ayuda.

¿Entre sus primeros poemas que no considera buenos incluye “el café de mi madre”?

Escribí ese poema en la cárcel de Ma'asiyahu en 1963-64. Me invitaron a leer poesía en la Universidad Hebrea de Jerusalén –entonces yo vivía en Haifa- e hice una petición [para viajar, porque los árabes que vivían en Israel estaban bajo la ley marcial], pero no obtuve respuesta. Fui en tren -¿Todavía existe ese tren?-. Al día siguiente me citaron en el puesto de policía de Nazareth y me condenaron a una sentencia de cuatro meses más otros dos en la cárcel de Ma'asiyahu. Allí fue donde, en un paquete amarillo de cigarillos Ascot con el dibujo de un camello, escribí el poema que el compositor libanés Marcel Jalifa convirtió en un himno nacional. Se considera mi más bello poema y lo leeré en Haifa.

¿Va a visitar el pueblo en el que nació, Birwa?

No. Ahora es un kibbutz llamado Yas'ur. Prefiero conservar el recuerdo de espacios abiertos, campos y sandías, olivos y almendros. Recuerdo el caballo que estaba atado en la morera, en el patio. Una vez lo monté, él me tiró al suelo y mi madre me pegó. Ella siempre me pegaba porque creía que yo era un diablillo, pero no recuerdo haber sido tan malo.

Recuerdo las mariposas y la sensación de que todo era un espacio abierto. El pueblo estaba situado en una colina y todo se extendía por abajo. Un día me despertaron diciendo que nos teníamos que marchar. Nadie dijo nada de guerra o peligro. Fuimos andando -yo con mis tres hermanos- a Líbano. Uno de ellos era muy pequeño y no dejó de llorar durante todo el trayecto .

¿Su actividad de escritor le obliga a un ritual disciplinado o se ha vuelto más flexible con el paso del tiempo?

No tengo obligaciones sino costumbres. Suelo escribir por la mañana, entre las 10 y las 12. Escribo a mano. No tengo ordenador y escribo sólo en casa, y cierro la puerta aunque esté solo, pero no desconecto los teléfonos. No escribo todos los días, pero me obligo a sentarme a la mesa todos los días. Tal vez exista la inspiración, o no, no lo sé. No creo mucho en la inspiración, pero si existe, hay que esperarla y estar preparado para recibirla. A veces, las mejores ideas surgen en sitios que no son muy bonitos: en el baño, en un avión, en un tren. En árabe decimos “De la pluma de… “. Pero creo que ya no se escribe a mano. El talento yace en el asiento. Hay que saber como sentarse. Si no lo sabes, no escribes. La disciplina es necesaria.

¿Por qué tengo la sensación de que no duerme bien?

Duermo nueve horas por la noche y nunca padezco insomnio. Puedo dormir en cualquier sitio. Dicen que soy caprichoso. ¿Dónde dijeron eso de mí? En la prensa hebrea. Me consideran una especie de príncipe que está por encima de la gente. Pero no es así. No es cierto que sea antipático. Soy tímido, y algunos interpretan la timidez como antipatía.

¿El hecho de haber estado a punto de morir, al menos una vez en su vida, le hace temer la vejez y la traición del cuerpo?

Me encontré con la muerte dos veces: una en 1984 y otra en 1998 cuando estuve clínicamente muerto y ya se estaban haciendo los preparativos para mi funeral. En 1984 sufrí un ataque cardíaco en Viena. Fue un sueño profundo y plácido en una nube blanca con una luz clara. No creía que estaba muerto. Floté hasta que sentí un fuerte dolor que significaba que había vuelto a la vida. Dijeron que había estado muerto durante dos minutos.

En 1998, la muerte fue agresiva y violenta. No fue un sueño placentero. Tuve terribles pesadillas. No era la muerte sino una guerra dolorosa. La muerte en sí no produce dolor.

¿Cuál es su actitud hacia la muerte ahora?

Estoy preparado para ella. No la estoy esperando. No me gusta esperar. Tengo un poema de amor sobre el sufrimiento de la anticipación. Ella, la amada, se retrasa en llegar. Entonces digo: quizá se marchó a un sitio donde hay sol, tal vez haya ido de compras. Puede que se haya mirado en el espejo, se haya enamorado de sí misma y haya dicho: es una pena que alguien me toque, yo soy mía. Tal vez haya tenido un accidente y ahora esté en el hospital. Quizá haya llamado por la mañana cuando yo no estaba porque había ido a comprar flores y una botella de vino. Tal vez haya muerto, porque a la muerte, como a mí, no le gusta esperar. A mí no me gusta esperar. A la muerte tampoco le gusta esperar.

Yo tengo un pacto con la muerte y está claro que todavía no estoy preparado para ella. Me quedan cosas por escribir y por hacer. Hay mucho trabajo y hay guerras por todas partes. Tú, muerte, no tienes nada que ver con la poesía que yo escribo, no es ninguna de tus tares. Concertemos una cita. Dímelo por anticipado: me prepararé, me vestiré elegantemente y nos encontraremos en un café a la orilla del mar, beberemos un vaso de vino y luego me lleverás.

¿Y la vida?

No tengo miedo ni estoy preocupado por la muerte. Estoy preparado para aceptarla cuando venga, pero que sea de forma rápida, que se termine todo de repente, no mediante cáncer, enfermedad del corazón o sida. Que no venga como un ladrón. Que me lleve de un golpe.

¿Qué le produce intensa alegría?

En Francia se dice que si después de los cincuenta no tienes ningún dolor es que estás muerto. Yo me siento feliz de despertarme cada mañana. De forma general, creo que la felicidad es una quimera. La felicidad es un momento. La felicidad es una mariposa. Yo me siento feliz cuando termino un trabajo.

Da la sensacióm de que se muestra más conciliador que nunca.

Puede sonar brusco, pero es la estética de la desesperación. Yo no tengo ilusiones. No espero muchas cosas. Por eso, si sucede algo bueno, me produce gran alegría. También poseo humor, junto con la desesperación. Soy un “pesoptimista” [alusión a la novela de ese título de Emile Habibi].

¿Echa de menos a Habibi?

Los sitios se llenaban cuando Emile Habibi estaba presente. Era una fuerza de la naturaleza. Era risueño y tenía un humor especial. Creo que luchaba contra la desesperación mediante el humor. Al final fue vencido. Todos seremos vencidos, incluidos los victoriosos. Uno tiene que saber comportarse tanto en el momento de la victoria como en el momento de la derrota. Una sociedad que no conoce la derrota no es madura.

Hace poco, ha terminado un nuevo libro, un diario personal, una fusión de prosa y poesía. ¿Ahora está satisfecho consigo mismo?

En absoluto. Cuando los poetas jóvenes se acercan a mí y puedo aconsejarlos, les digo: “un poeta que se sienta a escribir y no se siente como un cero no evolucionará ni ganará prestigio”. Yo siento que no he hecho nada. Eso es lo que me impulsa a mejorar mi escritura, estilo e imaginería. Siento que soy un cero, y eso significa que me quiero mucho. Tengo un amigo que sabe que no puedo soportar ver mi imagen en la televisión. Me dice que eso es narcisismo invertido. Eso es lo que me dice el muy tunante.

Por Dalia Karpel

Haaretz Magazine, 12/07/2007