13 oct. 2007

Claudio Eliano - Historia de los animales, Libro III

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Las ranas nunca cantan en Cérifo, pero si las llevas a otro sitio, llegan a cantar con voz aguda y áspera. Por otra parte, en Tesalia, en el monte Piero, existe una laguna estacional, que se forma en invierno, con aguas que se reúnen en su lecho; si alguien arroja allí algunas ranas, estos animales enmudecen, aunque sean capaces de croar en otros lugares. De las ranas de Cérifo dicen los nativos del lugar, con gran orgullo, que después de luchar contra la Gorgona y de atravesar extensas tierras, Perseo arribó al lugar y, a causa de sus fatigas, se detuvo en las cercanías de la laguna y se echó para dormir; las ranas comenzaron a croar y no permitían que Perseo conciliara el sueño; el joven imploró a su padre que hiciera enmudecer a las ranas. La súplica fue oída, y para atender el pedido del hijo, las ranas de la laguna fueron reducidas a un silencio eterno. No obstante, Teofrasto no cree esta conseja y considera que se puede disculpar la falacia de los nativos, si bien él opina que el frío de las aguas es el motivo por el que las ranas de esa laguna sean mudas.

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Se cuenta que Tolomo II recibió, enviado desde la India, un cuerno enorme, con la capacidad de tres ánforas. ¡Qué enorme sería el buey que tuvo un cuerno de este tamaño!.

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Se supone cosa lógica que un hombre poseedor de ciertos conocimientos sepa lo siguiente: el cuclillo es un pájaro muy astuto y capaz de pergeñar trampas excelentes para salir de sus apuros. No ignora que es incapaz de incubar sus propios huevos, ya que su índole corporal es fría, según dicen. De modo que cuando pone huevos no construye un nido ni cría a sus hijos: en cambio, aguarda y aguarda hasta que los pájaros de otros nidos se aparten y estén fuera de sus casas para meterse en el lugar ajeno y allí hacer su postura. El cuclillo no acude al nido de todos los pájaros, sino que prefiere los de la alondra, paloma torcaz, verderón y páppos, porque sabe que estas especies ponen huevos similares al suyo. Si el nido se encuentra vacío, se aleja sin entrar. En cambio si ya hay huevos dentro, pone los suyos entre ésos; cuando advierte que los huevos del dueño del nido son muchos, los saca y los rompe, para dejar los propios; por el parecido tan grande, es imosible diferenciarlos y apartarlos. Los pájaros que han fabricado su nido empollan los huevos del intruso; cuando el polluelo del cuclillo crece y comprende que es un bastardo, se aleja para volar junto a sus padres, ya que ni bien empluman se delatan como extraños y la familia los ataca. Sólo vemos al cuclillo durante la mejor estación del año, porque está al alcance de los ojos desde principios de la primavera hasta que surge la constelación de Sirio; después de esa época, se oculta de la vista del hombre.