30 sep. 2007

Marosa di Giorgio - Insectos en la misa



Es la siesta. Y en el comedor en penumbras no hay nadie. Y si estuviese alguno sentado no se notaría. Se oye una palabra diaria, pero dicha de un modo raro, como si una manzana en la frutera estuviera aprendiendo a hablar
Lo central es el canastillo de claveles. Pero los claveles están fuera del canastillo, tendidos, seis a cada lado. Y parecen rojas cucharas, tizones, jesucristos.
Esos claveles son los familiares ¿quién lo duda?, abuelos, padres, madres y madrinas.
Hay un vuelo y como si buscaran flores entran de golpe, insectos sexuales, gloriosos y temibles.
Ansían oídos, ojos, nariz, toda clase de bocas.
Las primas y amigas corren inútilmente a ocultarse abajo de la cama; se enredan en las colchas.
Yo, por milgro, hallo las salidas.
Corro.
Ingreso en el peral.
Y ya vienen los grandes gritos de lujuria. Prosigo huyendo de aquí para allá.
Hasta que se pone el sol.
Los árboles están fijos.
Y en la casa
ya ha pasado todo y nada.



En Misales, relatos eróticos
Buenos Aires, el cuenco de plata, 2005