15 ago. 2007

Voltaire: Votos (Diccionario filosófico)





Votos. Pronunciar un voto para toda la vida es esclavizarse para siempre. ¿Cómo pudo establecerse la peor de las esclavitudes en un país donde está proscrita la esclavitud?

Prometer a Dios mediante juramento que seremos desde la edad de quince años, hasta morir, franciscanos, jesuitas o dominicos, es afirmar que tendremos siempre la misma idea y es peregrino prometer para toda la vida lo que no estamos seguros de cumplir de hoy para mañana.

¿Cómo han sido los gobiernos tan enemigos de sí mismos y tan absurdos para consentir a los ciudadanos a que enajenen su libertad a una edad en que no les autorizan a disponer de lo más insignificante de sus bienes? ¿Cómo es que estando convencidos todos los legisladores de esa solemne tontería no la han suprimido? ¿No es para alarmarse cuando reflexionamos que existen más frailes que soldados? ¿No es penoso descubrir los secretos de los claustros, las liviandades, los tormentos que sometieron a niños desgraciados, que cuando son hombres detestan su situación de forzados y pugnan con inútil desesperación por romper las cadenas con que los ató su locura?

Conocí a un joven, cuyos padres le obligaron a ser capuchino a los quince años, que estaba locamente enamorado de una joven de poco más o menos su edad. Cuando el desventurado mozalbete hizo sus votos a san Francisco de Asís, el diablo le recordó los que hizo a su novia y que había firmado la promesa de matrimonio. Pudo el diablo más que san Francisco y el joven capuchino escapó del convento y se presentó en casa de su prometida, donde le dijeron que también había ingresado y profesado en un convento.

El joven se presentó en el convento donde estaba su ex novia diciendo que deseaba verla, y le contestaron que había muerto de desesperación. Al oír la noticia perdió el conocimiento y cayó en el suelo exánime. Lo trasladaron a un convento inmediato de frailes, no para prestarle los socorros que necesitaba, sino para administrarle la extramaunción antes de morir, que es lo que infaliblemente salva el alma.

El convento donde llevaron al desventurado joven era un cenobio de capuchinos, que caritativamente le hicieron esperar tres horas a la puerta hasta que por fortuna le reconoció uno de los frailes por haberle visto en el convento de donde escapó. Le llevaron a una celda y le cuidaron con solicitud con la idea de santificarlo, haciéndole sufrir saludable penitencia.

Cuando se restableció le llevaron maniatado al convento que abandonó y verán mis lectores cómo le trataron. Le hicieron bajar a una fosa profunda en la cual había una losa muy grande en la que estaba sujeta una cadena de hierro, con la que le ataron por un pie. Pusieron cerca de él un pan de centeno y un cántaro de agua y después cerraron la fosa.

Al cabo de tres días le sacaron para que compareciera ante el tribunal de los capuchinos, que necesitaba averiguar si tuvo cómplices en su evasión, y para obligarle a que lo declarara le aplicaron la tortura que acostumbraban en el convento. Consistía ésta en apretar con varias cuerdas los miembros del infortunado. Tras sufrir este tormento le sentenciaron a estar en su mazmorra durante dos años, saliendo de ella tres veces a la semana, desnudo, para recibir disciplinazos con cadenas de hierro.

Dieciséis meses resistió este suplicio, pero un día, aprovechando una riña tremenda que tuvieron los capuchinos y mientras se daban de palos, consiguió evadirse.

Permaneció escondido durante unas horas entre matorrales y al anochecer se puso en camino, pero estaba tan extenuado por el hambre que apenas podía sostenerse. Un alma buena que pasaba por su lado se apiadó de él, lo llevó a su casa y le prestó toda clase de cuidados. El propio desventurado capuchino me contó lo referido en presencia de su salvador. He aquí lo que ocasionan los votos.

Sería aleccionador examinar si las atrocidades que se cometen todos los días en los conventos de frailes mendicantes deben indignarnos más que la riqueza abusiva que adquieren los demás frailes que reducen a la miseria muchas familias. Unos y otros han hecho voto de vivir a expensas de la ciudadanía, de ser una carga para la patria, de perjudicar el aumento de población, de engañar a sus coetáneos y a la posteridad y, sin embargo, toleramos esa institución.