1 ago. 2007

Voltaire - Inundación (en Diccionario filosófico)



Inundación. Se afirma que hubo una época en que el Globo quedó inundado de manera total, pero esto es físicamente imposible.

Puede haber ocurrido que el mar cubriera sucesivamente todos los terrenos, unos tras otros, pero esto sólo pudo ocurrir por una gradación lenta, durante una multitud fabulosa de siglos. El mar, en quinientos años se retiró de Aguas Muertas, Fréjus y Rávena, que eran grandes puertos, dejando cerca de dos leguas de terreno seco. A tenor de esta progresión, es evidente que necesitaría dos millones doscientos cincuenta mil años para dar la vuelta al mundo. Es de advertir que este período es casi igual al que necesita el eje de la Tierra para elevarse y coincidir con el ecuador: movimiento muy verosímil que hace cincuenta años empieza a sospecharse ha de suceder, y sólo puede efectuarse en el espacio de dos millones trescientos mil años.

Los lechos, las capas de conchas, que se han descubierto a unas leguas de distancia del mar, son la prueba irrebatible de que éste ha ido depositando poco a poco sus productos marítimos en terrenos que eran antiguamente playas del Océano, pero que el agua haya cubierto totalmente el Globo al mismo tiempo es una quimera absurda en física cuya imposibilidad demuestran las leyes de la gravitación, las leyes de los fluidos y la insuficiencia de la cantidad de agua. No decimos esto para atacar la verdad del diluvio universal, que consta en el Pentateuco; al contrario, fue un milagro que debemos creer porque no pudo realizarse obedeciendo a las leyes físicas.

Todo es milagroso en la historia del diluvio. Milagro que cuarenta días de lluvia inundaran las cuatro partes del mundo y el agua se elevara a la altura de quince codos por encima de las montañas más altas, milagro que hubiera entonces cataratas, puertas y aberturas en el cielo, y milagro que se reunieran en el arca los animales de todas partes del mundo. Milagro fue que Noé pudiera darles alimento durante diez meses, que no murieran allí la mayoría de ellos y que encontraran alimento al salir del arca. Y milagro fue también, aunque de otra clase, que un hombre apellidado Le Pelletier haya creído explicar cómo todos los animales pudieron convivir y alimentarse naturalmente dentro del arca de Noé.

Siendo, pues, la historia del diluvio la más milagrosa de todas las historias, sería insensato quererla explicar; es uno de esos misterios que la fe nos hace creer, y la fe consiste en creer lo que la razón no cree, lo cual es también otro milagro.

La historia del diluvio universal es como la de la torre de Babel, la del jumento de Balaán, la caída de Jericó al son de las trompetas, la del paso del mar Rojo y como la de todos los prodigios que Dios se dignó obrar en favor de su pueblo predilecto. Esas historias son profundidades que la inteligencia humana no puede sondear.