22 jul. 2007

Paracelso - Sobre la influencia de los astros

Debemos advertir a todo médico que las Entidades del hombre son dos: la Entidad del Semen y la Entidad de la Potencia (Ens seminis e Ens virtutis), las cuales deben retener cuidadosamente y recordar en el momento oportuno. Ahora, y como texto iniciatorio de este Tratado de la Entidad Astral, enunciaremos un axioma que consideramos perfectamente adecuado. Es el siguiente: “Ningún astro del firmamento, sea planeta o estrella, es capaz de formar o provocar nada en nuestro cuerpo, ya sea color, belleza, fuerza o temperamento.”

Sin embargo, como se ha dicho que la Entidad Astral puede perjudicamos (loedere) de diversas maneras, yo debo decir a mi vez que ello es falso y que va es hora que desterréis de vuestros espíritus esos absurdos juicios, basados en la naturaleza o en la posición de las estrellas, que sólo pueden mover a risa.

En este punto vamos a detenemos, sin llevar más adelante este discurso contra nuestros adversarios: primero porque la finalidad de este Paréntesis no es responder a cada instante a todas las cuestiones que se nos plantean exprofeso, para lo cual haría falta disponer de una cantidad de papel y de tinta tan grande como debería ser nuestra capacidad de contestar, por más asistidos que estuviéramos de la inspiración y de la ayuda divina. Y en segundo lugar porque a pesar de que hayáis comprendido que los astros no confieren ninguna propiedad ni naturaleza individual, seguís adoptando la opinión contraria, basados en el hecho de que a veces son capaces de atacamos y aún de provocar la muerte.

La verdad es que no por haber nacido en la línea de Saturno nos corresponde una vida más o menos larga; ello es perfectamente vano. El movimiento de Saturno no afecta a la vida de ningún hombre y menos la prolonga o la abrevia. Aparte de lo cual, y aunque ese planeta no hubiera operado su ascensión a la esfera celeste, habrían habido y existirían hombres dotados del carácter de ese astro. E igualmente existirían lunáticos, aunque jamás hubiera aparecido ninguna luna en la naturaleza del firmamento.

Tampoco debéis creer que la ferocidad y la crueldad de Marte sea responsable de la existencia y de la descendencia de Nerón, pues una cosa es que ambas naturalezas hayan coincidido en ese punto y otra que se hayan mezclado o tomado entre sí.

Para ejemplo de lo que acabamos de decir os recordaremos, entre otros, el caso de Helena y Venus. Ambas fueron indudablemente de la misma naturaleza y, sin embargo, Helena habría sido adúltera aunque Venus no hubiera existido jamás. A lo que añadiremos que aunque Venus sea en la historia mucho más antigua que Helena, las cortesanas existieron mucho antes que una y otra.

Libro de las entidades, cap. I