27 jun. 2007

María Julia de Ruschi, Alcestis

Alcestis, 1

ése es el tirano,
ése, a quien cuidaste como a un hermano pequeño
ése,
el incestuoso, que no se arrancará los ojos
para ver
golpeará tu cabeza
intentará cegarte
para no oír su nombre
de tus labios
no subas al lecho, negro altar
poco vale para él otra vida
la vida de una mujer, menos aun
querrá quemar tus manos, tus labios
tus palabras
sentimental, tierno, seductor
soplará amorosamente tus cenizas
¡cuídate!
de quien vuelve la espalda
al furor de una luz griega
saciando a los dioses


Alcestis, 2

más de veinte años de cárcel
salís así aturdida o quizás
ves que el palomino
ya es una hermosa paloma
negra
que otea desde el balcón
esperando
la hora del primer vuelo
lustrosa alerta erguida
la paloma
Alcestis
más de cien, mil años de cárcel
ahora
no subirás a la pira
cual viuda hindú
mantuviste la palabra dada
cuidaste el nido
el pesebre
la manzana
ahora
sueña
vuela
Alcestis
una neblina suavísima cubre la cima
de los edificios más altos
la calle se mece húmeda
la vieja ciudad es nueva
ya no conocés a nadie
el tiempo se lava las manos
pero ¡qué bueno! ¡el aire! ¡el aire!
música
la luna entre las palmeras
la mano de tu hija en tu mano


Alcestis, 3

verás
ese león estuvo y está
y estará
en el fondo en el magma
en el silencio
al pie del Himalaya
bajo mi cama
¿acaso no deseaba
morir por amor?
¿acaso podía discernir
el amor de la crueldad?
ese león
que tan limpiamente maté
cuya cabeza machaqué
¡hermosa cabeza!
ese león también está vivo y está por ser
muerto otra vez en mi alegría o en un sueño
cuya agua corre por debajo del día
o se desvanece entre las nubes y reaparece en el abrirse
de las flores
madruga el león
en la melena de oro, el olor felino
la mirada carnicera
destellando en su belleza
y yo
machaqué su cabeza
¿para salvarte, hija?
su cabeza sanguinolenta
triste despojo de algo hermoso y feroz
un antiguo terror, un hermoso terror
estará siempre al pie del Himalaya, tenebroso,
sentado como un enorme gato
desafiante
y en el día de mi muerte
bajo mi cama
pero hoy no me interpongo entre su vida y él
sí, hjia,
para que jamás aceptes
la muerte como regalo de bodas
y jamás digas
que no te dejó el Faraón
salir de Egipto


Alcestis, 4

esa luna matutina
que abrió la mañana como un cajón con frutas
esa luna llena en lo alto de los edificios, en el cielo rosado
que abrió la mañana como un viaje por río
dios te salve María llena eres de gracia

mira mi tristeza


Alcestis, 5

Alcestis,
allí, en ese último instante, ¿sentiste la necesidad
de dejar vencer a un mal perfecto, hermoso
que se glorificaba de sí mismo, que poseía
tus huesos, tus besos, tu dolor, hasta la aniquilación?
¿no pudiste oponerle
tu imperfección, el simple riesgo
de amar tu vida?

En María Julia De Ruschi, Salir de Egipto, Buenos Aires, bajo la luna, 2007