18 jun. 2007

Franz Kafka - Circuncisión en Rusia


En toda la casa, en todos los lugares donde hay puertas, hay tablillas colgadas; tienen el tamaño de una mano y signos cabalísticos impresos, para proteger a la madre durante el tiempo que va del parto a la circuncisión contra los malos espíritus, que en este período pueden resultar especialmente peligrosos para ella y para el niño, tal vez porque el cuerpo de la madre ha quedado tan abierto que ofrece cómodo acceso a todo lo malo, y porque el niño, mientras no es admitido en la Alianza, no puede oponer al mal la menor resistencia. De ahí que, para que la madre no se quede sola ni un instante, se le ponga una mujer que la vigile. También contra los malos espíritus se utiliza el recurso de dejar aproximar a la cama de la madre durante siete días después del nacimiento, con excepción del viernes, a unos diez o quince niños, siempre distintos, y siempre al caer la tarde; los dirige el «belfer» (maestro auxiliar) y allí recitan el Schema Israel; luego les obsequian con golosinas. Estos inocentes, que tienen de cinco a ocho años, ahuyentarán de un modo especialmente eficaz a los malos espíritus, que son especialmente importunos al caer la noche. El viernes se celebra una fiesta especial, y también durante la semana se suceden varios banquetes. Antes del día de la Circuncisión es cuando los malos espíritus se vuelven más violentos; de ahí que la última noche sea una noche de vigilancia; hasta el amanecer, hay que pasarla velando al lado de la madre. Generalmente la circuncisión se efectúa en presencia de parientes y amigos, que a menudo pasan del centenar. El más respetado de los presentes debe sostener al niño. El encargado de la circuncisión, que hace su trabajo sin cobrar, es casi siempre un bebedor, porque, ocupado como está, no puede tomar parte en las diversas comidas y por ello sólo puede echarse al coleto unos vasos de aguardiente. De ahí que todos ellos tengan la nariz roja y que su aliento huela a alcohol. Por esto mismo no resulta nada agradable cuando, una vez efectuada la incisión, chupan el miembro ensangrentado, tal como está prescrito. Luego, el miembro es recubierto de aserrín y a los tres días suele estar curado.

En Diarios, 1910