Wallace Stevens - Soliloquio final del amante interior

9 de abril de 2007 ·



Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto
En el que descansamos y, casi por nada, pensamos
Que el mundo imaginado es bien esencial.

Este es, por tanto, el más intenso rendez-vous.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
Fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa:

Dentro de una sola cosa, un solo chal
Que nos abriga bien, pues somos pobres, un calor,
Una luz, un poder, la milagrosa influencia.

Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros.
Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
Un conocer, lo que arregló la cita,

Dentro de su vital circunscripción, en la mente.
Decimos: Dios y la imaginación son uno.
La candela más alta, que alta ilumina lo oscuro…

Y fuera de esta luz, de esta mente central,
Hacemos nuestra casa en el aire nocturno,
Donde estar los dos juntos es lo suficiente.



Trad.: Andrés Sánchez Robayna
En Domingo a la mañana y otros poemas
Antología: Daniel Chirom
Buenos Aires, CEAL, 1988


0 Comentarios:

Publicar un comentario

Blog Widget by LinkWithin

Somos



Patricia Damiano
Isaías Garde

Prohibido irse de Buenos Aires
Macedonio Fernández

Compartir




Contenido

Más leídos

BlogRoll

Seguidores