11 abr. 2007

Wallace Stevens - Infanta marina

Eran su terraza
la arena y las palmeras y el crepúsculo.

Ella extraía de los movimientos de su muñeca
los gestos grandiosos
de su pensamiento.

Las arrugas del plumaje
de esta criatura vespertina
volvíanse juegos de destreza
de los veleros sobre el mar.

Y así vagaba
en el ir y venir de su abanico,
participando del mar,
y del ocaso,
que le corrían en torno
y exhalaban su declinante sonido.



En Domingo a la mañana y otros poemas
Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1988

ISAÍAS GARDE, textos en transición