6 abr. 2007

WALLACE STEVENS - El hombre de la guitarra azul



I

El hombre inclinado sobre su guitarra,
Un pobre sastre. El día era verde.
Dijeron: «Tienes una guitarra azul;
No tocas las cosas como son».
El hombre replicó: «Las cosas como son
Cambian en la guitarra azul».
Entonces le dijeron: «Tócanos un aire
Más allá de nosotros, que sea nosotros mismos,
Un aire en la guitarra azul
De las cosas exactamente como son».


II

Llevar no puedo un mundo muy redondo,
Aunque lo enmiendo como puedo.
Canto a la testa del héroe, bronce
Barbado y largo ojo, mas no al hombre,
Aunque le enmiendo como puedo
Y al hombre casi a su través alcanzo.
Si cantar casi al hombre
Es evitar, con ello, las cosas como son,
Decid que es la serenata de un
Hombre que toca una guitarra azul.


III

Ah, tocar al hombre número uno,
Mover la daga en su corazón,
Extender su cerebro en la tabla
Y extraer los acres colores,
Clavetear su mente en la puerta,
Sus alas esparcidas a la lluvia y la nieve,
Golpear sus vivos gritos,
Tocarlos, golpearlos, hacerlos realidad,
Golpearlos desde un salvaje azul
Rasgueando el metal de las cuerdas...


IV

¿Es esto la vida, pues, las cosas como son?
En la guitarra escoge su camino.
¿Un millón de personas en una
Sola cuerda, y en ella todo su ademán,
Y todo su ademán, incierto y cierto,
Y todo su ademán, violento y delicado?
Los sentidos invocan loca y astutamente,
Como un zumbar de insectos en el aire de otoño,
Y eso es la vida, pues, las cosas como son,
Este zumbar de la guitarra azul.


V

No nos hables de la grandeza de la poesía,
De antorchas alumbrando el subterráneo,
De la estructura de las bóvedas en un punto de luz.
En nuestro sol no hay sombras,
El día es deseo y la noche es sueño.
En ningún lado hay sombras.
En nosotros la tierra es lisa y simple.
No hay sombras. La poesía,
Excediendo la música, tomará su lugar,
Su vacío firmamento y sus himnos,
Con poesía nosotros su lugar tomaremos,
Y aún con el rasgueo de tu guitarra.


VI

Un aire más allá de lo que somos,
Mas no cambiado en la guitarra;
Que sea nosotros mismos, como en el espacio,
Pero no cambiado, excepto el lugar
De las cosas como son, sólo el lugar
De las cosas como tú las tocas en la guitarra,
Lugar, así, tras el compás de cambio,
Percibido en una atmósfera final;
En el momento final, en la forma en que
El pensamiento del arte parece final cuando
El pensamiento de un dios es rocío humeante.
La tonada es espacio. La guitarra azul
Llega a ser el lugar de las cosas como son,
Una mezcla de sentidos de la guitarra.


VII

El sol es el que mueve nuestras obras.
La luna no las mueve. Es un mar
¿Diré entonces del sol:
Es un mar; nada mueve;
El sol no mueve más nuestras obras
Y la tierra vive con hombres que se arrastran,
Mecánicos insectos no muy cálidos?
Y permaneceré en el sol, como ahora
Permanezco en la luna, y llamarlo un bien,
Inmaculado, misericordioso bien,
Aislado de nosotros, de las cosas como son?
No ser parte del sol? Permanecer
Alejado y llamarlo misericordioso?
Las cuerdas están frías en la guitarra.


VIII

El florido, turgente cielo vívido,
El inundante rayo rodador,
La mañana aún cubierta por la noche.
Las nubes tumultuosamente claras
Y el tacto endurecido en frías cuerdas
Que luchan con apasionados coros
Gritando entre las nubes y furiosos
Con los dorados antagonistas en el aire
Sé que mi perezoso y plomizo rasgueo
Es como la razón en la tormenta;
Y sin embargo atrae a la tormenta.
Yo dejo de tocar y la abandono.


IX

Y el color, el sombrío azul
Del aire, en el que la guitarra
Es una forma, descrita más difícil,
Y solamente soy una sombra inclinada
Sobre las aflechadas, suaves cuerdas,
El artífice de algo que debe hacerse;
El color como un pensamiento que crece
Más allá de un humor, la túnica trágica
Del actor, mitad sus gestos, mitad
Si habla, el atavío de su sentido, seda
Saturada de sus melancólicas palabras,
El clima de su escena, él mismo.


X

Erige más rojas columnas. Tañe una campana
Y golpea los huecos llenos de estaño.
Tira papeles en las calles, los deseos
De los muertos, majestuosos en sus tumbas.
Y los bellos trombones —contempla
El acercarse de aquel a quien nadie cree,
Aquel a quien todos creen que creen,
Un pagano en un coche barnizado.
Tamborilea sobre la guitarra.
Apóyate en el campanario. Grita fuerte:
«Aquí estoy, adversario, para hacerte
Frente, soplando los brillantes trombones,
Mas con un pequeño infortunio
En el alma, un pequeño infortunio,
Siempre el preludio de tu muerte,
El toque que abate a hombres y rocas.»


XI

Lentamente la hiedra en las piedras
Se convierte en las piedras. Las mujeres
En las ciudades, los niños en los campos
Y los hombres en olas se convierten en mar.
Es el acorde falsificador.
Reviértese el mar sobre los hombres,
Los campos sorprenden a los niños, piedra
Es maleza y los insectos, todos, apresados,
Mustios y sin alas, mas con vida aún.
La disonancia sólo aumenta.
Más hondo en lo oscuro del seno
Del tiempo, crece el tiempo en la roca.


XII

Tom-tom, c’est moi. La guitarra azul
Y yo somos uno. La orquesta
Colma el alto salón de hombres dispersos,
Altos como el salón. El rodante bullicio
De una multitud degenera, dijeron todos
En este hálito que yace despierto en la noche.
Conozco ese tímido hálito. ¿Dónde
Empezar y acabar? ¿Y dónde,
Mientras voy tocando, escoger
Eso que con importancia declara
No ser yo mismo y sin embargo
Tener que serlo? Nada más podría ser.


XIII

Las incursiones pálidas en el azul
Son palidez corrupta... ay de mí,
Azules brotes o flores oscuras. Conténtate
—Expansiones, difusiones— conténtate con ser
Inmaculado sueño imbécil,
El heráldico centro del mundo
Azulado, suave azul con cien barbas,
El amante Adjetivo en llamas...


XIV

Un destello primero, después otro; luego,
Radiantes en el cielo, miles.
Estrella y orbe es cada uno: el día
En la abundancia de su atmósfera.
El mar suma sus tonos harapientos.
Las riberas son bancos de envolventes neblinas.
Uno dice: una araña alemana,
Un candelabro basta para alumbrar al mundo.
Lo ilumina. Incluso al mediodía
Resplandece en esencial oscuro.
Por la noche, ilumina la fruta y el vino,
El libro y el pan, las cosas como son,
El claroscuro donde
Uno se sienta y toca la guitarra azul.


XV

¿Es este lienzo de Picasso, este «tesoro
De destrucciones», un cuadro de nosotros mismos,
Ahora, una imagen de nuestra sociedad?
¿Pondré, achatado, un limpio huevo en pie,
Asiendo en un adiós una lunar cosecha,
Sin haber contemplado la cosecha o la luna?
¿Las cosas como son han sido destruídas?
¿Soy un hombre que ha muerto en una mesa
En la que se ha enfriado el alimento?
¿Mi pensamiento una memoria, no viva?
¿Es la mancha en el suelo vino o sangre
De cualquiera, o quizá míos?


XVI

La tierra no es tierra sino piedra,
La madre que acogió a los que cayeron,
Sino piedra, sino como una piedra, no: no
La madre, sino un opresor, sino como
Un opresor que envidiara su muerte
Como envidia la vida que viven.
Vivir en guerra, vivir en la guerra,
Desbastar al adusto salterio,
Cultivar albañales en Jerusalén,
Electrificar los nimbos—
Amantes tristes en el corazón,
Poned miel en las aras y morid.


XVII

Tiene un molde la persona. Pero no
Su animal. Los ángeles
Hablan del alma, la mente. Es
Un animal. La guitarra azul—
Afirma aquí sus garras, sus alas
Articulan sus días en el desierto.
¿La guitarra un molde? ¿Esa cobertura?
Bueno, al fin y al cabo, el viento sopla
Una trompa, cuya victoria es
Un gusano reposando en la paja.


XVIII

Un sueño (por así llamarlo) en el que
Pudiera yo creer, frente al objeto,
Un sueño ya no más un sueño, una cosa,
De las cosas como son, tal como la guitarra azul
Después del largo rasguear en ciertas noches
Da un pulso a los sentidos, no a la mano,
A los sentidos sólo mientras pulsan
La brillantez del viento. O mientras llega el alba,
Como la luz en un reflejo de escollos
Que se alza desde un mar que fue.


XIX

Que pueda yo reducir el monstruo
A mí mismo, y ser yo mismo entonces
Frente al monstruo, ser más que una parte
De él, más que el monstruoso tañedor
De uno de sus monstruosos laúdes, no estar
Solo, sino reducir al monstruo y ser
Dos cosas, las dos juntas como una,
Y tañer al monstruo y a mí mismo,
O mejor, para nada a mí mismo
Sino a su inteligencia,
Ser el león en el laúd
Antes que ese león encerrado en la piedra.


XX

¿Qué hay en la vida excepto las propias ideas,
Buen aire, buen amigo, qué hay en la vida?
¿Las ideas en que creo?
Buen aire, único amigo mío,
Creer sería un hermano colmado
De amor, creer sería un amigo,
Más amigo que mi único amigo,
Buen aire. Pobre, pobre guitarra pálida...


XXI

Un sustituto de todos los dioses:
Este mismo, no ese mismo oro arriba,
Sólo, la aumentada sombra de alguien,
Señor del cuerpo, que mira hacia abajo,
Como ahora, más altamente recordada,
La sombra de Chocorua
En un cielo más grande, arriba,
Solo, el señor de la tierra, el señor
De los hombres que viven en la tierra, alto señor.
De uno mismo y las montañas de nuestra tierra,
Sin sombras, sin magnificencia,
La carne, el hueso, el barro, la piedra.


XXII

La poesía es el tema del poema.
De esto nace el poema y a esto
Vuelve. Entre ambos,
Nacimiento y retorno,
Hay una ausencia de realidad,
Las cosas como son. O así lo decimos.
¿Pero están separados? Es una ausencia
Para el poema, que recibe
Así su verdadera faz, verde de sol,
Rojo de nube, tierra que siente, cielo que piensa.
De éstos toma. Tal vez da
En reciprocidad universal.


XXIII

Unas pocas soluciones finales, como un dúo
Con el enterrador: una voz en las nubes,
Otra en la tierra, la una voz del éter,
La otra husmeadora de bebida,
La voz del éter dominante, la onda
De la canción del enterrador en la nieve
Apostrofando las coronas, la voz
En las nubes serena y final, junto
Al murmurado aliento, sereno y final,
Lo imaginado y lo real, pensamiento
Y verdad, Dichtung und Wahrheit, toda
Confusión ya resuelta, como en un estribillo
Uno sigue tocando año tras año,
Moviendo la sustancia de las cosas como son.


XXIV

Un poema como un misal hallado
En el fango, un misal para ese muchacho,
Ese escolar hambriento de ese libro,
El verdadero libro o, menos, una página,
Menos aún, una frase, esa frase,
Un halcón de la vida, esa frase latina:
Saber; un misal de visión cobijada.
Hallar el ojo de ese halcón y dudar
No del ojo, sino de su alegría.
Yo toco. Pero esto es lo que pienso.


XXV

Sostuvo el mundo sobre su nariz
Y Es-te-Ca-mi-no pegó un brinco.
Ai-yi-yi, sus ropajes y símbolos—
Y Es-te-Ca-mi-no lo hizo girar todo.
Sombríos como abetos, gatos líquidos
Moviéronse en la hierba sin un ruido.
No sabían que la hierba era redonda.
Los gatos dieron gatos, gris tornóse la hierba
Y el mundo tuvo mundos, ay, Es-te-Ca-mi-no.
La hierba se mudó en verde y en gris.
La nariz es eterna, Ca-mi-no.
Las cosas, como fueron, las cosas como son,
Como serán por y para...
Un pulgar gordo aplasta el ai-yi-yi,


XXVI

El mundo se bañaba en su imaginación,
Una playa era el mundo, ahora sonido o forma
O luz, reliquia de despedidas,
Rocas, ecos de una despedida
A la que regresaba su imaginación,
A la que despedía, barra en el espacio,
Arena amontonada en las nubes, gigante que luchó
Contra los sanguinarios alfabetos:
La multitud de mentes, la multitud de sueños
De la Utopía inaccesible.
La montañosa música siempre parecía
Estar cayendo, estar atravesando.


XXVII

El mar el que blanquea los tejados.
El mar empuja el aire del invierno.
El mar crea los vientos del norte.
El mar está en la nieve que cae.
Esta oscuridad es la del mar.
Geógrafos, filósofos,
Mirad. Pero para esa copa salada
O los carámbanos en los aleros—
El mar es una forma de ridículo.
El ocaso en los icebergs satiriza
Al demonio que no puede ser él mismo,
Esos giros que cambian la cambiante escena



XXVIII

Soy un nativo de este mundo
Y pienso en él como en cosas nativas,
Gesu, no nativo de una mente
Que piensa pensamientos que llamo yo mismo,
Nativo, un nativo del mundo
Y pienso en él como nativo.
No sería una mente, la ola
En que ondean las húmedas hierbas
Y sin embargo fijas como en fotografía,
El viento en el que flotan hojas muertas.
Aquí aspiro una fuerza más profunda
Y como estoy, y hablo y me muevo,
Las cosas son como pienso que son
Y digo que están en la guitarra azul.

XXIX

En la catedral me senté y leí,
Solo, una revista y dije:
«Esta degustación en las bóvedas
Opone el pasado y la fiesta,
Lo que está tras la catedral, afuera,
Balanceos con la canción nupcial.
Es estar así, sentado, equilibrar
Las cosas y su punto de silencio.
Decir el parecido de un disfraz,
Decir de otro que es como...,
Saber que el balanceo nunca cesa,
Que el disfraz es extraño, cualquier cosa.»
Escrita está la forma, los sonidos son falsos.
Las campanas son mugidos de toros.
El traje franciscano nunca fue
Más él mismo que ante este vidrio fértil.


XXX

De aquí sacará un hombre.
Ésta es su esencia: el antiguo fantoche
Que colgando su chal en el viento,
Como algo en una percha, resopló,
Movimiento estudiado a través de centurias.
Por último, con odio a su ademán —su ojo
Un gallo en una cruz en el polo
Sosteniendo los cables pesados — lanzó
Sobre Oxidia, suburbio banal,
La mitad de todas sus facturas pagadas.
Rocío suave o aldabas que brillan
Desde ásperas pilas sobre máquinas.
Ecce, Oxidia es la semilla
Arrojada de la vaina ambarina,
Oxidia es el hollín del fuego,
Oxidia es Olympia


XXXI

Cuánto, y hasta qué tarde el faisán duerme ...
El empleado y el patrón discuten,
Luchan, disponen su negocio festivo.
El sol hirviente hervirá arriba,
Brilla la primavera y grita el gallo.
El empleado y el patrón lo oirán
Y seguirán con su negocio. El grito
Golpeará la maleza. No hay lugar,
Aquí, para la alondra que se fija en la mente,
En el museo del cielo. Un sueño
El gallo arañará el sueño. No es el sol la mañana,
Es esta posición de los nervios,
Como si un torpe artífice empuñara
Los tonos de la guitarra azul.
Una rapsodia habrá de ser o nada,
La rapsodia de las cosas como son.


XXXII

Ya fuera de las luces, las definiciones,
Y habla de lo que veas en lo oscuro.
Esto es esto o aquello es aquello,
Pero no uses los corruptos nombres.
cómo caminarás en este espacio y sabrías
Nada del furor del espacio,
Nada de sus jocosas creaciones?
Mira afuera. Nada debe interponerse.
Entre tú y las formas que escoges, cuando
La corteza de la forma ha sido destruida.
Tal como tú eres? Tú eres ti mismo.
La azul guitarra te sorprende.


XXXIII

Ese sueño del linaje, codiciado
En el lodo, en la sucia luz del lunes,
Tal fue el único sueño que entendieron,
Tiempo en su piedra final, no el tiempo
Por venir, una contienda de dos sueños.
Aquí está el pan del tiempo por venir,
Aquí su piedra actual. El pan
Será nuestro pan, la piedra
El lecho en el que dormiremos.
Durante el día lo olvidaremos, salvo
Los momentos en que optemos por tocar
El pino imaginario, el grajo imaginario.

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DIAMANTES GRATIS
ISAÍAS GARDE, textos en transición