9 abr. 2007

Stevens Wallace - Tres textos

De la simple existencia

La palmera al final de la mente
detrás del último pensamiento, crece,
en la distancia de oros brillantes,

un pájaro de plumas de oro
canta en la palmera, sin significado humano,
sin sentimiento humano, una canción extranjera;

entonces comprenderás que no es la razón,
la que nos asiste en la felicidad o tristeza de los días.
El pájaro canta, sus plumas resplandecen.

La palmera se yergue al borde del vacío.
El viento baila en sus ramas,
las doradas plumas del pájaro caen lentamente,
suspendidas en el aire.



El sol en marzo

El brillo extraordinario de este sol señala
la intensa oscuridad que me penetra.

Nuevamente ilumina las cosas que se embellecían
en el azul más extenso, y eran parte

de un espíritu que se transformaba en ser anterior;
también regresa desde el aire del invierno,

como una alucinación que deslumbra
la visión del ojo. Nuestro elemento;

el frío, allí estamos a gusto, el aire invernal
trae voces de leones que caen.

¡Oh, rabino! guarda mi alma
y sé el sabio de esta confundida naturaleza.



Otoño inmortal

Recito este poema con voz grave y monótona
en alabanza del otoño, del lejano y sinuoso otoño;
alabo los campos sin flores, alabo las nubes, las altas ramas
silenciosas
donde el viento arranca sonidos, músicas sombrías.

Alabo el otoño, ésta es la estación del hombre,
ahora el extraño sol no se entromete en nuestra tierra,
no vigoriza el verde ni deshiela el suelo escarchado
y el invierno todavía no agobia con su silencio las ramas del pino.

En el otoño compartimos los días con los negros cuervos,
el extendido mundo del año susurrante se ha marchado,
hay más espacio para vivir el una vez secreto amanecer,
llega la tarde con la luz el día y la oscuridad camina indefensa.

Entre el bravo y turbulento arder de las hojas
y el invierno que cubre nuestros corazones con su nieve pesada
estamos solos y no hallarás las nubes nocturnas,
la luna, las estrellas mansas giran alrededor de nuestros hogares.
Ésta es la estación humana en el aire estéril,
las palabras pueden transportar el aliento y el sonido se arrastra y continúa resonando,
oímos el grito de un hombre muerto
desde el otoño que se ha ido hace mucho tiempo.

Te llamo y mi súplica se extiende mucho más allá de este aire amargo.



Versión de Esteban Moore
Revista Ñ nº 106

Buenos Aires, 8 de octubre de 2005