15 abr. 2007

Shakespeare: Tres versiones del soneto CXXXVIII

Mensaje de Sergio Viaggio, en Factor Serpiente


Es otro de mis poemas preferidos en el original. Esta vez he
encontrado tres versiones. Fijarse que el soneto isabelino difiere del
latino en un aspecto fundamental: son tres cuartetos y un par de
pareados. Es determina el contenido, ya que el soneto nuestro expone
en los cuartetos y colofona lentamente de terceto en terceto, mientras
que el isabelino se reserva una moraleja para el dístico final.



1)

Cuando mi amada jura que está hecha de sinceridad,
realmente le creo, aunque sé que miente;
para dejarle creer que soy un joven desaconsejado,
poco diestro en las supercherías del mundo,
pienso así vanamente que me cree joven,
aunque ella sabe que han pasado mis mejores años.
Ingenuamente, doy crédito a su falsa lengua,
de una y otra parte negamos la sencilla verdad;
pero ¿por qué ella no dice que es inicua?
¿Y por qué no digo yo que yo soy viejo?
¡Oh!, porque una confianza aparente es la mejor conducta en el amor,
y la edad en el amor no quiere que se sumen los años.
Por lo tanto yo miento con ella y ella conmigo,
y nuestros defectos mediante mentiras halagamos.

2)

Cuando jura mi amor que su fe es como el cielo
de firme, yo la creo, bien que sé que miente,
para que ella me crea un infeliz mozuelo,
del mundo y sus perversidades inocente.
Así, creyendo en vano que ella me cree joven,
bien que sabe que es ida la flor de mis años,
yo, simple, de su lengua bebo los engaños,
y sufre la verdad que aquí y allí la roben.
Pero ¿por qué ella no declara que ella es falsa?
Pero ¿por qué no digo yo que yo soy viejo?
Ah, que en amor la pura fe es la mejor salsa,
y edad no quiere Amor contar en su cortejo.
Conque ella en mí, yo en ella, así con trampa entramos,
y nuestras faltas con embustes adobamos.

3)

Cuando mi amada jura que no miente
la creo aun sabiendo que es mentira,
porque me crea un joven inocente
que no ve la perfidïa que mira.
Y así, creyendo que me cree mozo,
bien que sé que ella sabe de mis años,
yo creo simplemente a su rebozo
y ambas bocas se cruzan con engaños.
Mas ¿por qué no dice ella que perjura?
(¿por qué no digo yo que soy añejo?)
¡Ah!, en falsa fe ve Amor su mejor cura:
Amor no ama que le digan viejo.
A una, pues, los dos, los dos mentimos:
y mintiendo las culpas nos cubrimos