21 jun. 2008

Audio - Edgar Bayley, La sola solución




Me voy hasta la esquina a ver si pasa
por allí por acaso algún tranvía,
y miro varias veces; voy mirando
qué sucede
allá arriba
en esa casa.
Al balcón
tan florido
y su cornisa
nadie asoma
ni mira ni me llama.

Con desatino y mucha persistencia,
sigo esperando no sé qué
ni a quién en esta esquina;
quizá lo sé
mas no espero de verdad
y seriamente.
Mi sola
solución
es la partida
Camino hasta la esquina,
a la siguiente,
a ver si pasa por allí,
por un acaso,
la carreta colmada de alelíes.
No dejo de aguardar
-aguardo mucho-
que alguien diga mi nombre y me convoque
cuando pase
lentamente
la carreta.
Me doy cuenta claramente que estoy solo;
estoy solo claramente en esta esquina;
me digo por decirme y en silencio:
ella vendrá por cierto
-estoy seguro-
para marchar muy juntos
hacia arriba
y llegar
al florido balcón
y a su cornisa;
para llegar muy juntos
hasta arriba,
hasta el monte, el pastizal,
piedra y llanura,
hasta la choza
adonde va el tranvía.

Cuando la noche poco a poco va llegando,
de esquina voy mudando poco a poco.
Por aquí ha de pasar
-estoy seguro-
una comparsa que lleva un estandarte
y un tamboril
y, encadenado, a un oso.
Por aquí ha de pasar
vestida de amazona:
mi nombre ella dirá
muy levemente.

Y tranvía, carreta, la comparsa,
el oso liberado y la amazona
(vencida ya, por fin, su reticencia)
me traerán el destello que faltaba,
todo el color del mundo y su perfume
y la gracia y el perdón, la transaparencia.
No habré esperado en vano
en tanta esquina,
ni en vano habré vivido,
ni llamado
a tanta puerta en vano.

Con desatino y mucha persistencia
sigo esperando no sé qué
ni a quién en esta esquina;
quizá lo sé,
mas no espero de verdad
y seriamente.
Estoy fingiendo
y me quedo
por quedarme:
De nada me ha servido
el tanto,
ni mi altivez
la armónica
ni el ruido.
Mi sola
solución
es el olvido.
La sola solución es el encanto.


La Nación. Buenos Aires, 1989