11 abr. 2007

Juan José Saer - Segovia (III)

Relojes, de sol, o de arena, o los otros
arduos como un organismo, que no miden,
sin embargo, nada. Y no es, después de todo,
embarazoso, o melancólico, ni gris, tampoco,
haber pertenecido, de cuerpo entero, al pasado.
Por estas avenidas, que fueron campo e incluso menos
nació, abuela de sí misma, mi voz. La cuna
de la lengua que han mecido, duramente, los años,
hasta dejar, frente a mí, o mejor todavía, en mí,
residuos, astillas, polvo,
casi nada con qué edificar -y de ahí
han de nacer, si es que nacen, como panes, mis piedras.
Que trabaje, que golpee,
dice incansablemente y desde el fondo la voz a mi voz,
en el silencio que han dejado, en la vieja fragua, los herreros.
¿Herreros? ¿Y por qué? No ha de haber sido, finalmente,
fácil estar allí, como ahora, en sus horas,
en la misma irrealidad o mar de la lengua,
nadando, desde el shock del naufragio,
hacia islas inciertas
que ningún mapa, hasta entonces, señaló.


de El arte de narrar (Seix Barral Biblioteca Breve, Bs. As., 2000)