4 abr. 2007

Horacio: Oda XXXVII - Por la muerte de Cleopatra

POR LA MUERTE DE CLEOPATRA


Nunc est bibendum…


Ahora debemos beber, amigos,
danzar alegres, colmar las mesas
de nuestros dioses, al modo Salio,
con ricas viandas. Ya tiempo era,

fuera antes crimen sacar el Cécubo
del barril viejo, cuando una reina
los funerales de Roma urdía
y sus cimientos minaba pérfida.

Una manada de hombres viciosos
la mantenían en su demencia,
y ella, embriagada por la Fortuna,
creyó propicia siempre tenerla.

Mas cuando el fuego funde su escuadra,
su furia cede; brumas ahuyenta
del vino egipcia; se aleja y siente
claros temores: la sigue el César.

Como a paloma gavilán ávido,
o a libre huída galgo en la estepa,
así él la sigue forzando el remo,
y ardiendo en ansias de hacerla presa.

Pero ella quiere morir más noble.
Ni ante el acero tímida tiemble,
ni con su nave rápida busca
remota orilla que la defienda.

Corre a su alcázar. Sereno el rostro,
ve su desastre. Con entereza
coge las sierpes, y al pecho aplica
las sucias bocas que la envenenan.

Muere arrogante, como ella quiere;
no en nave extraña, ni entre la befa
de vencedores llevada al triunfo
como una humilde mujer cualquiera.


Horacio, Odas-Epodos
Trad. Bonifacio Chamorro
Madrid, Espasa-Calpe, 4ª edición, 1973