10 abr. 2007

Henri Michaux - Un hombre apacible

Al estirar las manos fuera de la cama, Pluma se sorprendió de no encontrar la pared. "Bueno, pensó, se la habrán comido las hormigas..." y volvió a dormirse.

Poco después, su mujer lo agarró y lo sacudió: "Mira, le dijo, ¡haragán! Mientras estabas ocupado durmiendo nos han robado la casa." En efecto, un cielo intacto se extendía por todos lados. "Bah, no hay nada que hacer", pensó él.

Poco después, se dejó oír un ruido. Era un tren que venía hacia ellos a toda velocidad. "Con el apuro que tiene, pensó él, seguramente llegará antes que nosotros" y se volvió a dormir.

Luego lo despertó el frío. Estaba todo cubierto de sangre. Algunos pedazos de su mujer yacían cerca de él. "Con la sangre, pensó, siempre surgen cantidad de disgustos; si el tren no hubiera pasado, estaría muy feliz. Pero dado que ya pasó..." y se volvió a dormir.

"Veamos, dijo el juez, cómo explica usted que su mujer se accidentara hasta el punto de que la hayan encontrado partida en ocho pedazos, sin que usted, que estaba a su lado, hiciera el menor gesto para impedirlo, sin que ni siquiera se haya dado cuenta. Ése es el misterio. Ahí reside el nudo del asunto.

-En ese tema no puedo ayudarlo, pensó Pluma, y se volvió a dormir.

-La ejecución tendrá lugar mañana. Acusado, ¿tiene algo que agregar?

-Disculpe, dijo él, no he seguido el desarrollo del juicio".

Y se volvió a dormir.


De La noche agitada (1935)
Antología Poética 1927-1986, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2005

ISAÍAS GARDE, textos en transición