4 abr. 2007

Emily Dickinson, poema 579

Tuve hambre, muchos años-
y el medidía mío llegó - y su almuerzo -
temblando me acerqué a la mesa -
y toqué el extraño vino -

todo esto sobre mesas había visto -
cuando hambrienta, volvía a casa
miraba por las ventanas, el lujo
que no podía pretender - para mí -

no reconocí el enorme pan -
tan diferente de las migajas
que mis pájaros y yo,
compartíamos
en el comedor - de la naturaleza -

la abundancia me dolió - tan nueva -
yo misma me sentí enferma - y extraña -
como una fresa - de las montañas -
transplantada - en la ruta -

tampoco tenía hambra - descubrí -
que el hambre - era un estado
que tiene la gente afuera de las ventanas -
y que al entrar - lo pierde -

c. 1862


Traducciòn Silvina Ocampo
Barcelona, Tusquets editores, 1985

ISAÍAS GARDE, textos en transición