
Lacrimi si Sfinti, 1937
(...) Cuando escuchamos a Bach, vemos germinar a Dios. Su obra es generadora de divinidad.
Tras un oratorio, una cantata o una «Pasión», El tiene que existir. De lo contrario toda la obra del Cantor sería una ilusión desgarradora.
(...) La idea de Dios es la más práctica y la más peligrosa que se ha concebido jamás. A causa de ella la humanidad se salva o se pierde.
Lo «absoluto» es una presencia corruptora en la sangre.
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Carteles
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Calle Corrientes, Buenos Aires


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