Tú volverás a la miseria. Hace algún tiempo, ella era tu mansión y verdugo. ¿Cómo lograste, embustero menesteroso, acorralarla en el desván? Llena de polvo, oxidada de soledad, ella te aguarda en el pasado, ese reloj total y movedizo, desconcertante como un abuelo mudo que con sus ojos nos infama o traduce. Lograste distraerla, apartarla, pero no destruirla: tú y la miseria tenéis un pacto de aniquilación. No sé qué habilidad, qué coraje o qué cobardía te levantó por encima de ella, hasta ayudarte a asomar la cabeza y la vida por el tráfago de las grandes ciudades, por el cosmos profundo de la piel, por la amistad frutal, los aeropuertos, los proyectos, el rito de la permanencia, la ceremonia inusitada de la conversación. Tuviste un tiempo de esplendor. Cartas, personas cruzando tu puerta, cosas umbilicales, orgullo. Tuviste un núcleo provisorio al que nunca llamaste felicidad para que no se sobresaltara. Y dura todavía. Mas se asemeja tanto a una venganza como a un beso desesperado. Y todo cuanto te haya dado la existencia condescendiente se ha de volver intolerable el día que adviertas que a tu miseria, a tu compañera, jamás la derrotaste. Apartará sus pátinas de polvo, emergerá desde un olvido tan poblado como el silencio que precede a los juramentos, se sacudirá la soledad como un resto de hormigas rojas, y avanzará hacia ti, sonriéndote, acaso con misericordia. Comprenderás entonces que ya no hay solución. Y os sentaréis junto a una mesa de una taberna sucia, pedirás la botella y dos vasos: y comenzarás a beber, un trago sobre otro, tu destino. Habrá empezado, irreversible, tu vejez, tu disolución, tu verdadera concepción del mundo. Tal vez un tercer contertulio –la serenidad o un borracho desconocido- os acompañe en esa fiesta que silenciosamente se viene disponiendo para ti, solitario. Beberás del más viejo vino: despacio, pues no existe prisa en la nada. Hoy, todavía desde el esplendor, veo tu mano y el vaso y la botella, en el contraluz del futuro. Veo esa taberna y su rincón. Veo el lavabo pobre adonde bajarás a orinar con paciencia.
FELIX GRANDE, (Años, Madrid, 1975)
factorserpiente


0 Comentarios:
Publicar un comentario