12 abr. 2007

Edgar Bayley - Transparencia

Detrás de un gran ventanal de vidrio, una linda muchacha rubia, tullida, está sentada, tomando sol, sobre una silla de ruedas. Yo me detengo ante ella unos instantes, sin advertirla, para verificar si llevo unos papeles en mi pequeña cartera. Sí, los llevo. Yo le sonrío y me alejo caminando de prisa. Después, una señora que viene del mercado con una bolsa llena de verduras se detiene también sin reparar en ella, para reacomodar sus cosas, hasta que ve a la muchacha y ambas sonríen. La señora se va y la muchacha vuelve a quedar sola, sonriente y con los ojos entrecerrados. Ha bastado esto para que en un momento fugaz, pleno, yo advirtiera que este mundo y el otro son uno solo, un solo misterio, un solo instante.

En Alguien llama, Buenos Aires-Barcelona, Editorial Argonauta, 1983