9 abr. 2007

Claudio Eliano - Historia de los animales, Libro II, Fragmento XXIV

Las serpientes poseen un veneno tremendo, pero el áspid tiene uno peor aún. No resulta sencillo hallar una medicina ni un antídoto para este veneno, por mucho que se logre disimular o atenuar los dolores. Por supuesto que también en el hombre existe un veneno extraño, que fue descubierto así: al capturar una serpiente, agarrándola con precaución y mucha firmeza por el cuello, tras hacerle abrir la boca, se escupió dentro; el esputo bajó hasta el vientre del reptil y le resultó tan nocivo que lo pudrió de inmediato. De tal hecho se extrajo la conclusión dfe cuán maligno puede llegar a resultar un mordisco un mordisco que un hombre aseste a otro y de que tampoco implica menos riesgos que el de otros animales.


Claudio Eliano (175-235 d.C.)
Buenos Aires, Ediciones del Nuevo Siglo, 1997