21 abr. 2007

Claudio Eliano - Delfines


Claudio Eliano - Historia de los animales

Libro VIII

3

Los delfines demuestran su gratitud con más ardor que los hombres y no están atados por la costumbre persa tan alabada por Jenofonte. Esto es lo que voy a relatar: un individuo nacido en Paria, llamado Céraneo, entregó cierto dinero a unos pescadores bizantinos, para obtener la libertad de unos delfines apresados por las redes de aquéllos. Los delfines se mostrarían agradecidos a tal gesto. En una ocasión, una nave de cincuenta remos transportaba a bordo a varios milesios; según se cuenta, en el estrecho que hay frente a Paros, el navío se hundió y todos los que en él iban murieron, con excepción de Cérano, salvado por unos delfines: así pagaban el bien prodigado por esa misma persona tiempo antes. Los delfines llevaron a nado sobre el lomo a aquel hombre y lo dejaron en un sitio en el que se alza un promontorio rocoso, donde se abre una caverna: ese lugar se denomina Ceráneo.

Tiempo después Cérano murió y fue incinerado en la playa. Los delfines, al saber dónde se llevaba a cabo la incineración se acercaron todos juntos, como si asistieran a un fineral; durante las horas en que ardió la pira todos estuvieron cerca del cadáver, como lo hace un amigo con otro amigo; ya apagada la pira, todos se alejaron a nado.

Por el contrario, los hombres brindan honores a sus semejantes en vida, si son poderosos y gozan de buena fortuna, pero se apartan cuando mueren o caen en la desgracia, para no verse obligados para devolver los favores que hayan recibido.

Claudio Eliano, Historia de los animales, Buenos Aires, 1997