14 abr. 2007

Arthur Koestler - Oscuridad a mediodía

-Vade retro, Satanás –repitió Ivanov, sirviéndose otro vaso de coñac-. Antiguamente, las tentaciones eran de naturaleza carnal. Hoy toman la forma de razonamientos puros. Los valores cambian. Me gustaría escribir una “Pasión” en la que Dios y el Diablo disputaran por el alma de San Rubashov. Después de una vida pecadora él ha vuelto a Dios, un Dios con la doble papada de un liberalismo industrial y de una caridad de sopas del Ejército de Salvación. Satanás, por el contrario, es delgado, ascético y un fanático devoto de la lógica. Ha leído a Maquiavelo, a Ignacio de Loyola, a Marx y a Hegel; aparece frío y despiadado a los ojos del género humano, como consecuencia de una especie de misericordia. Su castigo es verse obligado a hacer siempre aquello que más le repugna; así, tiene que matar para que desaparezcan los asesinos; tiene que sacrificar corderos para evitar futuros sacrificios; que apalear a la gente para que aprendan a no dejarse apalear; tiene que desprenderse de toda clase de escrúpulos en nombre de una escrupulosa moral; y tiene que arrostrar el odio de la humanidad a causa de su amor por ella, un amor abstracto y geométrico. ¡Vade retro, Satanás! El camarada Rubashov prefiere convertirse en un mártir. Los redactores de la prensa liberal, que lo odiaban durante su vida, lo santificarán después de muerto. Ha descubierto que posee una conciencia, y una conciencia lo hace a uno tan inadecuado para la revolución como una doble papada. La conciencia se come al cerebro como si fuera un cáncer, hasta que desaparecen los últimos restos de materia gris. Satanás es vencido y se retira, pero no imagines que se va rechinando los dientes y escupiendo fuego en su furia, sino que se limita a encogerse de hombros. Ya te he dicho que es flaco y ascético, y ha visto a muchos perder la moral y escurrirse fuera de las filas con pretextos pomposos.

En Literatura satánica, Selección de Tulio Stilman
Buenos Aires, Corregidor, 1973