6/3/2007

Un poco de estoicismo

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Después de asignarte estos nombres: bueno, reservado, veraz, prudente, condescendiente, magnánimo, procura no cambiar nunca de nombre y, si perdieras dichos nombres, emprende su búsqueda a toda prisa. Y ten presente que el término prudente pretendía significar en tí la atención para captar cabalmente cada cosa y la ausencia de negligencia; el término "condescendiente", la voluntaria aceptación de lo que asigna la naturaleza común; "magnánimo", la supremacía de la parte pensante sobre las convulsiones suaves o violentas de la carne, sobre la vanagloria, la muerte y todas las cosas de esa índole. Por tanto, caso que te mantengas en la posesión de estos nombres, sin anhelar ser llamado con ellos por otros, serás diferente y entrarás en una vida nueva. Porque el continuar siendo todavía, tal cual has sido hasta ahora, y en una vida como ésta, ser desgarrado y mancillado, es demasiado propio de un ser insensato, apegado a la vida y semejante a los gladiadores semidevorados que, cubiertos de heridas y de sangre mezclada con polvo, a pesar de eso, reclaman ser conservados para el día siguiente, a fin de ser arrojados en el mismo estado a las mismas garras y mordeduras. Embárcate, pues, en la obtención de estos pocos nombres. Y si consigues permanecer en ellos, quédate allí, como transportado a unas islas de los Bienaventurados. Pero si te das cuenta de que fracasas y no impones tu autoridad, vete con confianza a algún rincón, donde consigas dominar, o bien, abandona definitivamente la vida, no con despecho, sino con sencillez, libre y modestamente, habiendo hecho, al menos, esta única cosas en la vida: salir de ella así. Sin embargo, para recordar estos nombres, gran colaboración te proporcionará el recuerdo de los dioses, y tambien, que a ellos no les gusta ser adulados, sino que todos los seres racionales se les asemejen; que la higuera haga lo propio de la higuera, el perro lo propio del perro, la abeja lo propio de la abeja y el hombre lo propio del hombre.

MARCO AURELIO (121-180) Emperador Romano

Libro 10 parágrafo 8

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