11 de mar. de 2007

Gonzalo Falla - Capital

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Tantas veces te he buscado, recorrido, pisado. Lo único que hallaba era mi zapato y el mar tronando con sus preguntas y quejas. El aire que respiro en ti me hiere y exalta: dichosa intoxicación de vientos sucios e indiferentes. Tu canción injuria mis oídos y espero el día que tu silencio me abrace hasta la asfixia.

¿Escuchas mis latidos infames, venales en sentido lato?

Sangre y la mancha que me atrapa. Prisa. Risa idiota y fatua. Amor esquinado y perros, muchos perros. El caos que me agota. No pido permiso de bruces a tu vientre. Solamente dos luces: una al oeste, la otra al tiempo.

¿Es que no sabes nada de mis sogas y mis cadenas?

Sólo un troglodita te entendería, mas las letras produjeron demasiada hemorragia. Para soñar con las aves es preciso morir y nacer. Y volver a morir y volver a nacer. Tú no sabes nada. Tú no sangras nada. Tú no ríes nada. Tú no cambias nada. Tus ojos virtuales me acarician y me infectan con tu infinita ternura. Eres el lugar donde mi cabeza enloquece y despierta al día perecedero. Lima, mi ciudad.

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