12 mar. 2007

Friedrich Nietzsche - Arte (en Fragmentos póstumos)

http://www.nietzscheana.com.ar/arte.htm
2[110]
En torno al "Nacimiento de la Tragedia"


El "ser" como la invención de quien sufre el devenir.
Un libro compuesto de puras vivencias sobre estados estéticos de placer y displacer, con una metafísica de artista en el transfondo. Al mismo tiempo, una confesión de romántico, en fin, una obra juvenil llena de valor juvenil y melancolía. El que más sufre ansía más profundamente la belleza -la engendra.
Experiencias psicológicas fundamentales: con el nombre "apolíneo" se designa la fascinada permanencia ante un mundo imaginado y soñado, ante el mundo de la bella apariencia como un redención del devenir: con el nombre de Dioniso queda bautizado, por otro lado el devenir concebido activamente, sentido en compenetración subjetiva como forma de la furiosa voluptuosidad del creador que conoce a la vez la furia del destructor. Antagonismo de estas dos experiencias y de los deseos que los subyacen: el primero quiere que la apariencia sea eterna, frente a ella el hombre se torna quieto, carente de deseo, mar en calma, se restablece, está de acuerdo consigo mismo y con toda la existencia: el segundo impele al devenir, a la voluptuosidad de producir-devenir, i.e., de crear y destruir. El devenir, sentido e interpretado desde dentro, seria el continuado crear de un ser insatisfecho, sobreabundante, infinitamente tenso y urgido, de un dios que sólo se sobrepone al tormento de ser mediante una trasformación y cambio constantes: -la apariencia como su redención transitoria, alcanzada a cada momento; el mundo como la sucesión de visiones y redenciones divinas en la apariencia.
-Esta metafísica de artista se opone a la consideración unilateral de Schopenhauer, quien sólo sabe valorar el arte a partir del receptor y no del artista: porque el arte conlleva una liberación y redención en el disfrute de lo no real en oposición a lo real (la experiencia de alguien que sufre y desespera de si mismo y de su realidad) -redención en la forma y su eternidad (como lo pudo haber vivido también Platón: sólo que éste disfrutó también de la victoria sobre su sensibilidad en exceso irritable y sufriente). A esto se le enfrenta el segundo hecho, el arte visto desde la vivencia del artista, en especial de la del músico: el tormento del tener-que-crear en cuanto impulso dionisiaco.
El arte trágico, rico en ambas experiencias, está caracterizado como conciliación de Apolo y Dioniso: a la apariencia se le otorga la más profunda significación por parte de Dioniso: y esta apariencia es, no obstante, negada, y negada con placer. Esto está dirigido en la forma de una concepción trágica del mundo contra la doctrina schopenhaueriana de la resignación.
Contra la teoría de Wagner según la cual la música es medio y el drama fin.
Un ansia de mito trágico (de "religión", más exactamente, de religión pesimista; como una campana cerrada en la que prospera algo que crece).
Desconfianza frente a la ciencia: a pesar de que su optimismo momentáneamente atenuante se hace sentir fuertemente. Serenidad del hombre teórico.
Profunda animadversión contra el cristianismo: ¿por qué? Se le atribuye la degeneración de la esencia alemana.
Sólo estéticamente hay una justificación del mundo. Sospecha radical contra la moral (ésta pertenece al mundo de la apariencia).
La dicha en la existencia sólo es posible como dicha en la apariencia.
La dicha en el devenir sólo es posible en la destrucción de lo real de "existencia", de la bella apariencia, en la destrucción pesimista de la ilusión.
En la destrucción, incluso en la de la más bella apariencia, llega la dicha dionisíaca a su culmen.

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2[111]
El problema del sentido del arte: ¿para qué arte?
¿Cómo se comportaban con respecto al arte los hombres más vigorosos y más agraciados, los griegos?
Es un hecho: la tragedia pertenece a su tiempo más rico en fuerza - ¿por qué?
Segundo hecho: la necesidad de belleza, y también de logicización, llevaron a su décadence.
Interpretación de ambos hechos: [---]
Deficiente aplicación al presente: interpreté el pesimismo como consecuencia de una mayor fuerza y plenitud vital que podía permitirse el lujo de lo trágico. Interpreté igualmente la música alemana como expresión de una sobreabundancia y originariedad dionisíacas i.e.
1) Sobrestimé la esencia alemana
2) No comprendí la fuente de la desolación moderna
3) Me faltaba la comprensión histórico-cultural del origen de la música moderna y su romanticismo esencial.
Haciendo abstracción de esta deficiente aplicación, el problema subsiste: ¿como seria una música que no fuera de origen romántico - sino dionisíaco?

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2[114]
La obra de arte allí donde aparece sin artista, v.gr. como cuerpo, como organización (cuerpo de oficiales prusianos, orden jesuítica). Hasta que punto el artista tan sólo es un estadio previo. ¿Qué significa "sujeto"?
El mundo como una obra de arte que se engendra a sí misma
¿El arte es una consecuencia de la insatisfacción ante lo real? ¿O una expresión de reconocimiento por la felicidad disfrutada? En el primer caso, romanticismo; en el segundo aureola y ditirambo (en resumen arte de apoteosis)

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2 [119]
¿A que profundidad llega el arte en el interior del mundo? ¿Existen potencias artísticas aparte del "artista"?
Esta pregunta fue, como se sabe, mi punto de partida: y dije Si a la segunda pregunta; y a la primera respondí: "El mundo no es nada más que arte." La voluntad incondicional de saber, de verdad, de sabiduría me pareció en tal mundo de apariencia un sacrilegio contra la voluntad metafísica fundamental, algo contranatura: y con razón se vuelve [la] punta de la sabiduría contra el sabio. Lo antinatural de la sabiduría se revela en su hostilidad contra el arte: querer conocer allí donde la apariencia es justamente la redención -¡qué inversión, qué instinto hacia la nada!

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10[24]
La moralización en las artes.
Arte como libertad de las estrecheces morales y de la perspectiva alejada de la moral; o como escarnio de todo esto. La fuga en la naturaleza, donde la belleza se acopla con la terribilidad. Concepción del grand hombre.
- Frágiles, inútiles almas de lujo, que basta un soplo para turbarlas, «las almas bellas».
- Despertar los ideales empalidecidos, mostrándolos en su despiadada dureza y brutalidad, como los espléndidos monstruos que son.
- Un placer jubiloso al penetrar psicológicamente dentro de la sinuosidad y el histrionismo inconsciente de todos los artistas moralizados.
- La falsedad del arte -poner en evidencia su inmoralidad.
- Evidenciar los «fundamentales poderes idealizantes» (sensualidad, ebriedad, desbordante animalidad).

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10[168]
Aesthetica
Es cuestión de fuerza (de un individuo o de un pueblo) SI y DONDE se pronuncia [el] juicio "bello". El sentimiento de plenitud, de fuerza acumulada (por el que es lícito aceptar valerosamente y con buen ánimo muchas cosas frente a las cuales el débil es presa de estremecimientos), el sentimiento de poder pronuncia el juicio "bello" incluso sobre cosas y estados que el instinto de la impotencia puede hallar sólo odiosos, "feos". El olfato para aquello que presuntamente podríamos superar, en caso de que realmente nos hiciera frente como peligro, problema, tentación - este olfato determina también nuestro Sí estético.
En conjunto, la predilección por las cosas problemáticas y terribles es un síntoma de fuerza, mientras que el gusto por lo gracioso y lo elegante corresponde a los débiles y delicados. El gusto por la tragedia distingue a los tiempos y caracteres fuertes [...]. Admitido, en cambio, que los débiles busquen placer en un arte que no está hecho para ellos, ¿qué harán para hacer que la tragedia resulte grata a su paladar? La interpretarán según sus mismos sentimientos de valor, introduciendo en ella, por ejemplo, el "triunfo del orden moral del mundo" o la teoría del "no valor de la existencia" o la incitación a la resignación (-o también descargas afectivas medio morales à la Aristóteles). Por último el arte de lo terrible, en cuanto excita los nervios, puede ganarse el aprecio de los débiles y extenuados como stimulans: esta es hoy, v.gr., la razón del aprecio al arte [wagneriano].
Es señal de bienestar y de poder la medida en que uno puede reconocer a las cosas su carácter terrible y problemático; es preciso ver, por el contrario, si uno tiene, en general, necesidad, de "soluciones" finales.
[...]
La profundidad del artista trágico reside en el hecho de que su instinto estético abarca las consecuencias más lejanas, que no se detiene rápidamente en lo que le está más próximo, que afirma la economía a lo grande, la que justifica (y no sólo justifica) lo terrible, lo malo, lo problemático.

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11[3]
Se es artista al precio de sentir como contenido, como la "cosa misma",lo que todos los no-artistas llaman "forma".
Se pertenece por ello a un mundo invertido: pues a partir de entonces se le convierte a uno el contenido en algo meramente formal - incluyendo nuestra vida.

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11[415]
La concepción del mundo con la que uno se tropieza en el transfondo de este libro es especialmente sombría y desagradable: entre los tipos de pesimismo conocidos hasta ahora no parece haber alcanzado ninguno este grado de malignidad. Está ausente aquí la oposición de un mundo verdadero y un mundo aparente: hay un solo mundo y es falso, cruel, contradictorio, corrupto, sin sentido [...] Un mundo hecho de esta forma es el verdadero mundo [...] Tenemos necesidad de la mentira para vencer esta "verdad", es decir para vivir [...]. La metafísica, la moral, la religión, la ciencia [...] son tomadas en consideración sólo como diversas formas de mentira: con su ayuda se cree en la vida. "La vida debe inspirar confianza": el deber planteado en estos términos es inmenso. Para cumplir con él, el hombre debe ser por naturaleza un mentiroso, debe ser, antes que ninguna otra cosa, un artista... Y de hecho lo es: metafísica, moral, religión, ciencia, no son más que criaturas de su voluntad de arte, de mentira, de huida ante la "verdad", de negación de la "verdad". Esta facultad misma, gracias a la cual él violenta la realidad por medio de la mentira, esta capacidad de artista par excellence del hombre - él la tiene en común con todo lo que es: pues el mismo es un pedazo de realidad, de verdad, de naturaleza - él mismo es también un pedazo de genio de la mentira...
Desconocer el carácter de la existencia - es la más profunda, la suprema intención secreta de la ciencia, de la religiosidad, del ser artista. Muchas cosas no verlas nunca; muchas cosas no verlas sino equivocadamente; muchas cosas verlas sólo al añadirlas. ¡Oh, qué inteligente se es en estados en los que se está lo más distante de tenerse uno por tal! El amor, el entusiasmo, «Dios» ¡puras finezas del más extremo autoengaño, puras seducciones que invitan a vivir! En los momentos en que el hombre se convierte en engañado, en que vuelve a creer en la vida, en que se hace a sí mismo víctima de una artimaña: ¡oh, cómo se infla! ¡Qué encanto! ¡Qué sentimiento de poder!... ¡Cuánto triunfo de artista en la sensación de poder!... ¡El hombre se ha hecho nuevamente dueño y señor del «material» - señor de la verdad!... Y cuando quiera que el hombre se alegre es él, en su alegría, siempre el mismo: se alegra como artista, disfruta de sí mismo como poder. La mentira es el poder...
El arte y nada más que el arte. Él es el gran posiblitador de la vida, el gran seductor que incita a vivir, el gran estimulante para vivir...

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14[14]
Contramovimiento arte
Nacimiento de la tragedia
III
Estas dos potencias artísticas naturales: son contrapuestas por Nietzsche como lo dionisíaco y lo apolíneo: afirma que [---] Con la palabra «dionisíaco» se expresa: un urgir hacia la unidad, un trascender más allá de la persona, de la cotidianidad, de la sociedad, de la realidad, como abismo del olvido, el henchirse apasionado-doloroso hacia estados más oscuros, más llenos, más flotantes; un fascinado decir-Sí al carácter total de la vida como lo igual en todo cambio, lo igualmente poderoso, igualmente bienaventurado; la gran compenetración panteísta en la alegría y el dolor, que sanciona y santifica incluso las propiedades más terribles y cuestionables de la vida a fuerza de una eterna voluntad de procreación, de fertilidad, de eternidad: como sentimiento de la unidad y de la necesidad de la creación y la destrucción... Con la palabra apolíneo se expresa: un urgir hacia el perfecto ser-para-sí, hacia el «individuo» típico, hacia todo lo que simplifica, resalta, lo que hace fuerte, claro, inequívoco, típico: la libertad bajo la ley.
El ulterior desarrollo del arte está tan necesariamente ligado a su antagonismo como el ulterior desarrollo de la humanidad al antagonismo de los dos sexos. La plenitud de poder y la mesura, la forma suprema de autoafirmación en una belleza fría, distinguida, esquiva: el apolinismo de la voluntad helénica.
El origen de la tragedia y la comedia como un ver presente a un tipo divino en el estado de un fascinamiento total, como una co-vivencia de la leyenda local, de la visita, del milagro, del acto de fundación, del «drama» [-]
Esta antítesis de lo dionisíaco y lo apolíneo dentro del alma griega es uno de los grandes misterios por los cuales el señor N[ietzsche] se ha sentido atraído en presencia de la esencia griega. En el fondo, Nietzsche no se esforzó por ninguna otra cosa que por intuir por qué precisamente el apolinismo griego tenía que emerger de un transfondo dionisíaco: el griego dionisíaco tenía necesidad de volverse apolíneo, esto es: de quebrar su voluntad de lo monstruoso, múltiple, incierto, horrendo, por medio de una voluntad de medida, de sencillez, de subordinación a la norma y al concepto. Lo desmedido, salvaje, asiático se halla sobre su fundamento: la valerosidad del griego está en la lucha con su asiatismo: la belleza no le ha sido otorgada a manera de regalo, como tampoco la lógica o la naturalidad de las costumbres - sino que ha sido conquistada, querida, luchada - es un triunfo...

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14[15]
Este libro es antipesimista: enseña una fuerza antagónica contra todo decir-No y hacer-No, una medicina contra el gran cansancio.

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14[16]
El tipo de Dios según el tipo del espíritu creativo, del «gran hombre».

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14[17]
Nacimiento de la Tragedia
2
Comienzo del apartado, dos páginasmás adelante: II
El arte cuenta aquí como la única fuerza antagónica que muestra superioridad contra cualquier voluntad de negación de la vida: como lo anticristiano, antibudista, antinihilista par excellence...
Es la redención del hombre cognoscente - de aquel que ve y quiere ver el carácter terrible y cuestionable de la vida, del hombre cognoscente trágico.
Es la redención del hombre actuante - de quien no sólo ve el carácter terrible y cuestionable de la vida, sino que lo vive, lo quiere vivir, del hombre trágico, del héroe...
Es la redención del hombre sufriente - como camino hacia estados en que el sufrimiento se quiere, se glorifica, se diviniza, en el que el sufrimiento es una forma de la gran fascinación...

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14[18]
III
Hay dos estados en los que el arte mismo se presenta como una especie de potencia natural en el hombre: por un lado como visión y por el otro como orgía dionisíaca. Éstos se hallan prefigurados fisiológicamente en el sueño y en la embriaguez: el primero entendido como ejercitación de aquella capacidad para la visión como un ver-formas, crear-formas.
La voluntad de apariencia, de ilusión, de engaño, de devenir y cambiar es más profunda, más «metafísica» que la voluntad de verdad, de realidad, de ser: el placer es más originario que el dolor; este último es, él mismo, únicamente el resultado de una voluntad de placer (- de crear, de formar, de echar por tierra, de destruir) y, en su máxima expresión, una especie del placer...

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14[19]
6
Este escrito es antimoderno: cree en el arte moderno y en nada más, y, en el fondo, tampoco en el arte moderno, sino en la música moderna, y, en el fondo, tampoco en la música moderna sino sólo en Wagner... Y, en el fondo, tal vez ni siquiera en Wagner, a no ser como un faute de mieux.
p. 116: «Qué podríamos nombrar además, se dice con un gesto doloroso [---]
Schopenhauer, Durero.
Cree en que vendrá una música... cree en una música dionisíaca ...

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14[22]
5
¿Qué ha de ser de la ciencia bajo este supuesto? ¿Qué posición toma en este caso? En un sentido significativo, casi que como adversaria de la verdad: pues es optimista, pues cree en la lógica. Se comprueba psicológicamente que son los tiempos del ocaso de una raza fuerte aquellos en los que llega a madurar el tipo del hombre científico. La crítica a Sócrates constituye la parte central del libro: Sócrates como adversario de la tragedia, como extintor de aquellos instintos demoníaco-profilácticos del arte; el socratismo como el gran malentendimiento de la vida y el arte: la moral, la dialéctica, la suficiencia del hombre teórico, una forma de cansancio; la famosa jovialidad griega, sólo un arrebol crepuscular... Las razas fuertes en la medida en que son ricas y superabundantes en fuerza, tienen el valor de ver las cosas como son: trágicas... Para ellos el arte es más que un entretenimiento y una diversión; es una cura...
El libro enseña, «a pesar de todas las ideas y los prejuicios modernos del gusto democrático», que los griegos - pág. X del prólogo.

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14[23]
II
Lo esencial en esta concepción es el concepto de arte en relación a la vida: éste es considerado, tanto psicológica como fisiológicamente, como el gran estimulante, como aquello que impele eternamente a la vida, a la vida eterna

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14[24]
3
Se ve que en este libro el pesimismo, digámoslo más claramente, el nihilismo, cuenta como la «verdad»: pero la verdad no cuenta como un criterio supremo de valor, menos aún como poder supremo.
La voluntad de apariencia, de ilusión, de engaño, de devenir, de cambiar cuenta como más profunda y originaria, más «metafísica» que la voluntad de verdad, de realidad, de ser: - esta última es ella misma tan sólo una forma de la voluntad de ilusión. Así también el placer cuenta como más originario que el dolor: el dolor es propiciado sólo como una consecuencia de la voluntad de placer (de la voluntad de devenir, crecer, formar, y, por ende, de sometimiento, de resistencia, de guerra, de destrucción). Se concibe un estado supremo de afirmación de la existencia en el que hasta el dolor, todo tipo de dolor, está incluido eternamente como medio de potenciación: el estado trágico-dionisíaco.

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14[25]
Sobre el «Nacimiento de la Tragedia»
VIII
Lo distintivo de este libro es la nueva concepción de los griegos; ya hemos insinuado sus otros dos méritos - la nueva con­cepción del arte como el gran estimulante de la vida, que incita a vivir; también la concepción del pesimismo, de un pesimismo de la fortaleza, un pesimismo clásico: la palabra clásico usada aquí no a manera de delimitación histórica, sino psicológica. La antí­tesis del pesimismo clásico es el romántico: aquel en el que la debilidad, el cansancio, la decadencia de las razas se expresan en conceptos y valoraciones: el pesimismo de Schopenhauer v.gr., igualmente el de De Vigny, Dostoiesvski, Leopardi, Pascal el de to­das las grandes religiones nihilistas (el brahmanismo, el budismo, el cristianismo - se los puede denominar nihilistas porque todos ellos han ensalzado el concepto opuesto a la vida, la nada, como fin, como bien supremo, como Dios).
Lo que distingue a Nietzsche: la espontaneidad de su visión psicológica, una vertiginosa amplitud de panorama, de lo vivido, de lo intuido e inferido, la voluntad de consecuencia, la falta de temor ante la dureza y ante una peligrosa consecuencia.

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14[46]
En la embriaguez dionisíaca se halla la sexualidad y la voluptuosidad: no faltan en la apolínea. Debe existir una diferencia de ritmo en ambos estados...
La extrema tranquilidad de ciertas sensaciones de embriaguez (más estrictamente: la desaceleración de la percepción del tiempo y del espacio) se refleja con predilección en la visión de los comportamientos y los tipos de alma más tranquilos. El estilo clásico representa esencialmente esta tranquilidad, esta simplificación, esta abreviación, esta concentración - el sentimiento supremo de poder está concentrado en el tipo clásico, Reaccionar lentamente: una gran conciencia: ningún sentimiento de lucha:
La embriaguez natural:

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14 [47]
Contramovimiento: el arte
¿Pesimismo en el arte?
El artista termina poco a poco por amar por sí mismos los medios en los cuales se puede reconocer el estado de ebriedad: la extremada fineza y magnificencia del color, la limpieza de la línea, el matiz tonal:
lo distinto, donde, por el contrario, en las cosas normales, falta toda distinción:
- todas las cosas distintas, todos los matices, reclamando los extremados aumentos de fuerza producidos por la ebriedad, despiertan retrospectivamente este sentimiento de ebriedad;
- el efecto de las obras de arte es la excitación del estado creativo del arte, de la ebriedad...
- lo esencial en el arte sigue siendo su cumplimiento de la existencia, su producir la perfección y la plenitud;
El arte es esencialmente afirmación, bendición, divinización de la existencia...
- ¿Qué significa un arte pesimista?... ¿No es ésta una contradictio?
Sí.
Schopenhauer se equivoca cuando hace de ciertas obras de arte un instrumento del pesimismo. La tragedia no enseña la «resignación»...
- El representar las cosas terribles y problemáticas es ya él mismo un instinto de poder y de magnificencia en el artista: él no le teme...
No existe un arte pesimista... El arte afirma. Job afirma. Pero, ¿y Zola? ¿Y de Goncourt?
- Las cosas que ellos muestran son feas; pero el hecho de que las muestren proviene del placer de esta fealdad...
- ¡No hay nada que hacer! Os engañáis, cuando sostenéis otra cosa.
¡Qué liberación es Dostoievski!

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14[61]
Voluntad de poder como arte. «Música» y el gran estilo
La grandeza de un artista no se mide por los «buenos sentimientos» que él suscita: que lo crean las mujercitas. Si no más bien por el grado en que se acerca al gran estilo, por el grado en que es capaz del gran estilo. Este estilo tiene en común con la gran pasión el hecho de que desdeña el agradar, que se olvida de persuadir, que ordena, que quiere... Dominar el caos que se es, obligar al propio caos a convertirse en forma: a ser lógico, simple, unívoco, matemática, ley: es ésta, aquí, la gran ambición. Con ella se rechaza; nada excita más a amar a tales hombres de la violencia -en torno a ellos se forma un desierto, un silencio, un miedo como frente a un gran sacrilegio...
Todos los artes conocen estas ambiciones de gran estilo: ¿por qué faltan en la música? ¿Por qué un músico no ha construido jamás hasta ahora como el arquitecto que creó el palacio Pitti?... Aquí hay un problema. ¿Pertenece la música quizás a esa cultura en la que ya ha terminado el reino de todo tipo de hombre de la violencia? ¿Estará, por fin, el concepto de gran estilo ya en contradicción con el alma de la musica, con la «mujer» en nuestra música?...
Toco aquí un problema fundamental: ¿en qué sentido debe interpretarse toda nuestra música? Las épocas de gusto clásico no conocen nada que sea comparable a ella, que ha florecido cuando el mundo renacentista estaba en su ocaso, cuando la «libertad» se ha despedido de las costumbres y también de los deseos; ¿forma parte de su carácter ser un contrarrenacimiento? ¿Y, en otras palabras, ser arte de la decadencia? ¿Más o menos como el barroco es un estilo de decadencia? ¿Es ella hermana del barroco, siendo contemporánea de él? ¿La música, la música moderna, no es ya decadencia?
La música es contrarrenacimiento en el arte: ella es también decadencia como expresión de la sociedad.
Ya he señalado otra vez esta cuestión: si nuestra música no es un elemento de contrarrenacimiento en arte, si no es la pariente cercana del barroco, si no se ha desarrollado en contraste con todo gusto clásico, de modo que en ella toda ambición de clasicidad se haya vuelto de por sí imposible... Sobre la respuesta a este problema de valor de primer orden no podría haber dudas si fuese correctamente valorado el hecho de que la música alcanza como romanticismo su máxima madurez y plenitud, una vez más como movimiento de reacción a la clasicidad...
Mozart -un alma delicada y enamorada, pero en todo es del siglo dieciocho, incluso en su seriedad... Beethoven, el primer gran romántico, en el sentido del concepto francés de romanticismo, así como Wagner es el último gran romántico... los dos instintivos adversarios del gusto clásico, del estilo severo -para no hablar aquí de la «grandeza»... los dos...

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14 [117]
El contramovimiento: el arte
La sensación de ebriedad corresponde, en realidad, a una mayor fuerza; en el modo más fuerte en el período de acoplamiento de los sexos;
nuevos órganos, nuevas habilidades, colores, formas...
el «embellecimiento» es consecuencia de la fuerza acrecentada.
Embellecimiento como consecuencia necesaria del aumento de fuerza.
Embellecimiento como ex presión de una voluntad victoriosa,
de una coordinación intensificada, de una armonización de
todos los deseos fuertes, de un impulso de gravedad infalible­
mente perpendicular.
La simplificación lógica y geométrica es consecuencia del aumento de fuerza; inversamente, la percepción de esta simplificación aumenta a su vez la sensación de fuerza...
Vértice de la evolución: el gran estilo.
La fealdad significa decadencia de un modelo, contradicción y falta de coordinación de los deseos internos -significa una merma de la fuerza organizadora, de «voluntad», para hablar en términos fisiológicos.
El estado de placer que se llama ebriedad es exactamente una alta sensación de poder...
Las sensaciones de espacio y de tiempo cambian: enormes distancias son abarcadas y casi percibidas por primera vez; la extensión de la mirada alcanza mayores multitudes y vastedades;
el refinamiento del órgano para la percepción de muchas cosas pequeñísimas y fugaces;
la adivinación, la fuerza de entender por la más leve sugerencia, por toda sugestión: la sensualidad «inteligente»...
la fortaleza como sensación de mando en los músculos, como agilidad y placer del movimiento, como danza, como ligereza y, pronto, la fortaleza como placer de demostrar la fortaleza, como parte del valor, la aventura, la impavidez, la naturaleza negligente... Todos estos momentos culminantes de la vida se excitan recíprocamente; el mundo de imágenes y representaciones de uno basta, como sugestión, para suscitar al otro... De tal modo, en fin, quedan enlazados entre sí estados que quizá habrían tenido razones para permanecer ajenos los unos a los otros.
Por ejemplo, la ebriedad religiosa y la excitación sexual (dos profundos sentimientos, por fin casi extrañamente coordinados. ¿Qué es lo que les gusta a todas las mujeres pías, viejas o jóvenes? Respuesta: un santo con bellas piernas, aún joven, aún idiota...);
la crueldad y la compasión en la tragedia (del mismo modo normalmente coordinadas...);
primavera, danza, música, todo es competencia de los sexos -y también la famosa «infinitud del pecho» faustiana...
Los artistas, si sirven para algo, tiene fuertes inclinaciones (incluso físicamente), exuberancia, energía animal, sensualidad; no es pensable un Rafael sin una cierta sobreexcitación del sistema sexual...
Hacer música es otro modo de hacer hijos; la castidad no es más que la economía del artista; y, en cualquier caso, en los artistas la fecundidad cesa junto con la fuerza generativa ...
Los artistas no deben ver nada como es, sino más pleno, más simple, más fuerte; a tal fin es necesario que una de sus características sea una especie de juventud y de primavera, una especie de ebriedad habitual en la vida.
Beyle y Flaubert, dos desprejuiciados en cuestiones de este tipo, en realidad han recomendado a los artistas la castidad en interés de su oficio; debería mencionar también a Renan, que da el mismo consejo, pero Renan es un clérigo...

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14 [119]
Contramovimiento: el arte
Todo arte opera como sugestión sobre los músculos y los sentidos, que están originariamente activos en el hombre artístico ingenuo; habla siempre y sólo a los artistas -habla a esta especie de sutil movilidad del cuerpo. El concepto de «dilettante» es un concepto equivocado. El sordo no pertenece a la especie de los que oyen bien. Todo arte tiene efecto tónico, acrecienta la fuerza, enciende el placer (es decir, la sensación de fuerza), suscita todos los más sutiles recuerdos de la ebriedad, hay una memoria peculiar que desciende en tales estados: regresa aquí un lejano y fugaz mundo de sensacíones ...
Lo feo, o sea, lo contrario del arte, lo que es excluido por el arte, su no -cada vez que la disminución, el empobrecimiento de la vida, la impotencia, la disolución, la putrefacción son sugeridos aunque sólo sea de lejos, el hombre estético reacciona con su no.
Lo feo tiene efecto deprimente, es expresión de una depre­sión. Quita fuerza, empobrece, oprime...
Lo feo sugiere cosas feas; en base a los propios estados de salud se puede probar cómo, en cambio, el estar mal aumenta también la fantasía de lo feo. La elección de cosas, intereses, problemas, se desarrolla de otra manera; también en la esfera lógica hay un estado que es pariente próximo de lo feo: la pesadez, la torpeza. Desde el punto de vista mecánico, aquí falta el equilibrio: lo feo cojea, lo feo tropieza -al contrario de la divina ligereza del danzante...
El estado estético tiene una sobreabundancia de medios de comunicación, junto con una extremada receptividad a los estímulos y a los signos. Es la cima de la comunicatividad y de la traductibilidad entre seres vivientes -es la fuente de las lenguas.
Las lenguas tienen en él su foco de origen: tanto las lenguas basadas en los sonidos, como las basadas en los gestos y las miradas. El fenómeno más pleno está siempre al principio: nuestras facultades de hombres civilizados son sustracciones de facultades más plenas. Pero aún hoy se siente con los músculos, es más, todavía se lee con ellos. Todo arte maduro tiene en su base una multitud de convenciones: puesto que es lengúaje. La convención es la condición del gran arte, no es su obstáculo...
Todo acrecentamiento de vida potencia la forma de comunicación y al mismo tiempo la fuerza de comprensión del hombre. El revivir en otras almas no es, originariamente, nada de moral, sino una excitabilidad fisiológica de la sugestión; la «simpatía» o lo que se llama «altruismo» son meras configuraciones de aquella relación psicomotora considerada en términos mentales (induction psycho-motrice, dice Ch. Féré), Jamás se comunican pensamientos, se comunican movimientos, signos mímicos, que son leídos en clave de pensamiento por nosotros...
Expongo aquí, como signos de vida plena y floreciente, una serie de estados psicológicos que hoy es habitual considerar como morbosos. Pero entre tanto hemos desaprendido a hablar de una contraposición entre sano y enfermo: se trata de grados -mi tesis en este caso es que lo que hoy se llama «sano» representa un nivel inferior de lo que, en circunstancias favorables, sería sano... que nosotros estamos relativamente enfermos... El artista pertenece a una raza aún más fuerte. Aquello que para nosotros ya sería nocivo, morboso, en él es naturaleza...
La sobreabundancia de energías y de linfa puede comportar tanto síntomas de parcial falta de libertad, de alucinación de los sentidos, de refinamiento de la sugestión, como un empobrecimiento vital... el estímulo está diversamente condicionado, el efecto permanece igual a sí mismo...
Ante todo, el efecto posterior no es el mismo; el extremado agotamiento de todas las naturalezas morbosas después de sus excentricidades nerviosas no tiene nada en común con los estados del artista: que no tiene que expiar sus buenas épocas...
Es muy rico por esto: puede dilapidar sin volverse pobre...
Del mismo modo que hoy se podría considerar al «genio» como una forma de neurosis, también se podría quizá juzgar la fuerza de sugestión artística -¡y nuestros artistas son efectivamente muy afines a las mujeres histéricas!!!...
Pero esto habla contra el «hoy» y no contra los «artistas»...
Pero aquí se objeta que precisamente el empobrecimiento de la máquina hace posible, más allá de toda sugestión, una capacidad intelectiva extravagante: prueba de ello son nuestras mujercitas histéricas y «nuestros buscadores del más allá».
Inspiración: descripción.
Los estados no artísticos: los de la objetividad, del reflejo, de la voluntad suspendida...
El escandaloso equívoco de Schopenhauer, que entiende el arte como puente para la negación de la vida...
Los estados no artísticos: los que empobrecen, que quitan, que relajan, bajo cuya mirada la vida sufre... el cristiano.
Problema del arte trágico.
Los románticos: una cuestión ambigua, como toda cosa moderna.
El actor.

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14[170]
Los contramovimientos: el arte
Son los estados de excepción los que condicionan al artista: todos aquellos que están profundamente emparentados y entrelazados con fenómenos morbosos, de modo que no parece posible ser artistas y no estar enfermos.
Los estados fisiológicos que están desarrollados en el artista hasta casi constituir una «persona», y que de por sí son inherentes en algún grado al hombre en general:
1. la ebriedad: el aumento de la sensación de poder; la íntima necesidad de transformar las cosas en un reflejo de la propia plenitud y perfección.
2. la extremada agudeza de ciertos sentidos, de modo que ellos entienden -y crean- otro lenguaje de signos, el mismo que parece relacionado con diversas enfermedades nerviosas; la extremada movilidad que se transforma en una extremada comunicatividad; el querer hablar por parte de todo aquello que sabe emitir señales... una necesidad de liberarse, por decirlo así, de sí mismo por medio de signos y gestos; capacidad de hablar de sí con cien medios expresivos... un estado explosivo -ante todo es necesario pensar en este estado como constricción e impulso a desahogar con todo tipo de trabajo muscular y de movilidad la exuberancia de la tensión interna; luego como coordinación involuntaria de este movimiento hacia los hechos internos (imágenes, pensamientos, deseos) como una especie de automatismo de todo el sistema muscular bajo el impulso de estímulos que actúan desde dentro; incapaz de impedir la reacción, el aparato de control está por así decirlo, suspendido. Todo movimiento íntimo (sentimiento, pensamiento, afecto) está acompañado por modificaciones vasculares y, por lo tanto, por variaciones de color, de temperatura, de secreción; la fuerza de sugestión de la música, su «suggestion mentale»;
3. el deber imitar: una extremada irritabilidad, por la cual un determinado modelo se comunica como un contagio -un estado es adivinado y representado en base a signos... Una imagen que aflora internamente actúa como movimiento de los miembros... una cierta suspensión de la voluntad...
(¡Schopenhauer!!!) Una especie de sordera, de ceguera hacia lo exterior -el reino de los estímulos admitidos está claramente delimitado.
Lo que distingue al artista del profano (consumidor del arte): este último encuentra en el recibir la cumbre de excitabilidad, el primero en el dar -de modo que un antagonismo entre estos dos dones no sólo es natural, sino también deseable. Cada uno de estos dos estados tiene una óptica inversa -pretender que el artista se meta en la óptica del receptor (del crítico) significa pretender que se empobrezca a sí mismo y a su fuerza específica... Aquí sucede como con la diferencia entre los sexos: del artista que da no se debe pretender que se convierta en mujer, que «reciba y conciba»...
En tanto que también nuestra estética ha sido hasta ahora una estética femenina, dado que sólo los consumidores del arte han formulado sus experiencias de lo «que es bello». Hasta hoy, en filosofía ha faltado el artista... Es esto, como queda dicho más arriba, un error necesario, porque el artista que empezara nuevamente a entenderse a sí mismo, cometería un error -él no debe mirar hacia atrás, no debe mirar nada, debe dar. Ser incapaz de crítica es algo que honra a un artista... de otro modo es mitad y mitad, es «moderno»...

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16[40]
Aesthet[ica]
Intelección fundamental: qué es bello y qué es horrible
Nada está más condicionado ni es, digamos, más estrecho de miras que nuestro sentimiento de lo bello. Quien quisiera concebirlo disociado de la complacencia del hombre en el hombre perdería inmediatamente todo suelo y fundamento. En lo bello el hombre se admira en cuanto tipo: en casos extremos llega a adorarse a sí mismo. Pertenece a la esencia de un tipo hacerse feliz sólo ante su propio espectáculo, - afirmarse a sí y sólo a sí mismo. El hombre, tan colmado de bellezas como ve al mundo, siempre lo ha colmado únicamente con su propia «belleza»: esto quiere decir que considera bello todo aquello que le recuerda el sentimiento de perfección con el que él, como hombre, se sitúa entre las cosas. ¿Habrá embellecido realmente el mundo con ella?... ¿Y si a los ojos de un juez superior del gusto, el hombre no resultara, a fin de cuentas, bello en absoluto? ... ¿No quiero decir con esto que indigno, sino un poco cómico? ...
2
- Oh, Dionisio, divino, ¿por qué me tiras de las orejas? Encuentro en tus orejas una especie de humor, Ariadna: ¿por qué no son aun más largas?...
3
«Nada es bello: sólo el hombre es bello.» Sobre esta ingenuidad se funda toda nuestra estética: ésta sería, se dice, su primera «verdad».
Añadamos inmediatamente la «verdad» complementaria, ésta es menos ingenua: que no hay nada feo a no ser el hombre malogrado.
Cuando el hombre sufre por lo feo, sufre por el aborto de su tipo: y allí donde algo le recuerda, aun de la forma más remota, un tal aborto, allí mismo coloca el predicado «feo». El hombre ha colmado el mundo con cosas feas. Esto quiere decir siempre: con su propia fealdad... ¿Ha afeado realmente el mundo de esta manera?
4
Todo lo feo debilita y consterna al hombre: le recuerda la ruina, el peligro, la impotencia. Se puede medir la impresión de lo feo con un dinamómetro. Cuando baja, entonces está surtiendo efecto algo feo; el sentimiento de poder, la voluntad de poder crece con lo bello y decae con lo horrible.
5
En el instinto y la memoria se halla acumulado un material inmenso: contamos con mil clases de signos en los que se revela la degeneración del tipo. Cuando apenas se insinúa el agotamiento, el cansancio, la pesadez, la edad, o la falta de libertad, el espasmo, la descomposición, la putrefacción, ahí mismo habla nuestro juicio de valor más elemental: en ese mismo instante el hombre odia lo feo...
Lo que aquí odia es siempre la decadencia de su tipo. En este odio radica toda la filosofía del arte
6
Si mis lectores se hallan lo suficientemente instruidos sobre el hecho de que también «el bueno» representa una forma del agotamiento en el espectáculo integral de la vida: entonces le rendirán tributo a la consecuencia del cristianismo cuando concibió al bueno como el feo. En esto el cristianismo tenía razón.
Es indigno de un filósofo decir: lo bueno y lo bello son una misma cosa: si agrega además «junto con lo verdadero», entonces debería azotársele.
La verdad es fea: tenemos el arte a fin de no sucumbir ante la verdad---.
7
En punto a la relación que mantiene el arte con la verdad adquirí la más temprana seriedad y aún hoy me hallo en una santa consternación, ante esa escisión.
Mi primer libro le [fue] consagrado; el Nacimiento de la Tragedia cree en el arte sobre el trasfondo de otro credo: que no es posible vivir con la verdad; que la "voluntad de verdad" ya es un síntoma de degeneración...
Expongo aquí una vez más la concepción especialmente lúgubre y desagradable de aquel libro. Sobre otras concepciones pesimistas tiene el privilegio de [ser] inmoral: - no ha sido a diferencia de éstas inspirada por la virtud, la Circe de los filósofos.-

El arte en el "Nacimiento de la Tragedia"

Friedrich Nietzsche