3/3/2007

Esteban Peicovich - Semana primera del 2007

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"¿Es ésta la nobleza humana?" 2007 debutó tenebroso. El champán no impidió que la cabeza de Saddam levitara por las casas del mundo. La repartieron hasta el escalofrío. En papel. En tevé. En video. En blog. Chicos, adultos y demás atrapados por truculencia tanta. Esos primeros planos de Saddam interpretando de verdad su Macbeth iraquí. No se necesitó esta vez de un engañoso bosque en movimiento. Aquí bastaron cinco verdugos burlones y ansiosos. Ellos, capucha y campera. El, ropa fúnebre. Afuera, quien más, quien menos, copa de licor en mano, intentaba eludir la cruda ceremonia medieval. ¿La siguió Bush desde un canal privado del Pentágono? ¿La celebraron sus halcones con bourbon (y él con agua, por lo que bien se sabe? El tejano venció a distancia. Sin adrenalina ni sorpresa. Ni peligro alguno para Robert Mitchum. La pistola de su maligno rival Pocaspulgas brillaba inútil en su escritorio oval. La valentía consistía en mirar el reloj, pulsar y activar la línea privada de tevé. ¿El sueño de un cronista? Estarse chito debajo del sillón blanco fijando en Mp3 comentarios de Bush y secuaces en el acto de ser eyectado del planeta el León de Bagdad. ¿Los hubo atrevidos? Uno: "Error. La perpetua en La Haya nos evitaba lo que vendrá". Correcto: "Si esa boca entraba a contar cosas sería peor". No los sorprendió Saddam yendo hacia la soga con el ego intacto: "Irak sin mí no es nada". Sí verlo ofrecer su cabeza calmo como si fuesen peluqueros, no verdugos. Pero el múltiple shock lo provocó el mega asesino de Tikrit al no encresparse ante la mofa sino responder (teatral): "¿Es ésta la nobleza humana?" Dicho esto ya de pie en la trampilla. Ya sobre el precipicio. Pronto para el cielo sunnita. O para el olvido. Ni un gramo de Gilgamesh o de Nabucodonosor en Saddam. Sólo el bárbaro en estado puro. El que vivió a los tiros sin conseguir darse el lujo de acabar a balazos. Ni "a la cimitarra". Sólo soga y befa. ¿De aquí en más? Nunca se sabe. Sí, puede que pronto los camelleros porten su cara impresa en las chilabas (y que algún primo de Bush, en Houston, las haya mandado a fabricar ese día). Tony Snow contó que en sus vacaciones Bush leyó El extranjero de Camus. Sí, el del desesperado que mata al árabe porque sí y sin culpa. ¿Influyó Camus? ¿Acabó Bush por decirse "A éste no lo aguanto más. Lo hago matar ya. Total que me importa?" Sólo Shakespeare lo sabe.


La Nacion, Enfoques, 6 de enero de 2007

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