Hesíodo: Los titanes

28 de febrero de 2007 ·

Ante todo existió el Caos (1). Después la Tierra, de ancho pecho, morada perenne y segura de los seres vivientes, que surge del Tártaro tenebroso en las profundidades; y Eros, el más bello de los dioses inmortales, que quiebra los miembros, y que, tanto a los dioses como a los mortales, doma el corazón y la prudente voluntad.
Del Caos nacieron Erebo y la negra Noche y de la última, que quedó encinta por haber tenido amoroso consorcio con el Erebo, se originaron el Éter y el Día. La Tierra comenzó a parir a un ser de igual extensión que ella, el Cielo Estrellado, con el fin de que la cubriese toda y fuera una morada segura y eterna para los bienaventurados dioses. También puso al mundo las Altas Montañas, gratos albergues de divinales Ninfas, que en ellas viven dentro de los bosques. Dio también a luz, pero sin el deseable amor, al estéril piélago de hinchadas olas, al Ponto; y más tarde, acoplándose con el Cielo, dio origen al Océano, de profundos remolinos, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Japeto (2), a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemosine, a Febe, la de áurea corona, y a la amable Tetis. Posteriormente nació el Taimado Cronos, que fue el más terrible de los hijos del Cielo, y que odió desde el principio a su prolífico padre.
Asimismo de la Tierra nacieron los Cíclopes, de corazón violento, Brontes, Astéropes y Arges, el de ánimo esforzado. Los tres eran semejantes a los dioses, pero con un ojo único en medio de la frente (3). Su vigor, su coraje y sus mañas pusiéronse de manifiesto en todas sus acciones. En el transcurso del tiempo habían de proporcionar el trueno a Zeus y forjarle el rayo.
De la Tierra y el Cielo nacieron aún tres hijos, grandes y fuertes, de nefando nombre: Cotto, Briareo y Gías. ¡Prole orgullosa! Cien brazos tenía cada uno de ellos; cien brazos invencibles que se agitaban desde sus hombros; y, por cima de esos miembros, habíanles crecido cincuenta cabezas a cada uno. Temible era la poderosa fuerza que emergía de su enorme y proporcionada estatura.
Estos son los más feroces de cuantos hijos procrearon la Tierra y el Cielo. Ya desde un principio se atrajeron el odio de su propio padre. Apenas puestos en el mundo, en vez de dejarlos que salieran a la luz, el Cielo los encerró en el medio de la Tierra, gozándose en su mala acción. La vasta Tierra, henchida de ellos, suspiraba interiormente, y al fin ideó una engañosa y pérfida trama. Produjo en seguida una especie de blanquizco acero, con el que construyó una gran falce, y la mostró a sus hijos y con el corazón irritado hablóles de esta suerte, para darles ánimo: "¡Hijos míos y de un ser malvado! Si quisiérais obedecerme, vengaríamos el ultraje criminal de un padre, aunque sea vuestro padre, ya que ha sido él el primero en maquinar acciones infames".
Así se expresó. Sintiéronse todos sobrecogidos por el terror, sin que ninguno osara desplegar los labios, hasta que el grande y taimado Cronos cobró ánimo y respondió a su madre veneranda de esta manera: "¡Madre! Yo prometo llevar a cabo lo que convenga, pues nada me importa nuestro padre de aborrecido nombre. Sí, él fue el primero en obrar indignamente".
Tal dijo, y la vasta Tierra sintió que su corazón se le colmaba de alegría. Acto seguido ocultó a Cronos, poniéndolo en acecho, con la hoz de agudos dientes en la mano, y le descubrió toda la trama. Vino el Cielo, seguido de la Noche, y envolvió a la Tierra, ávido de amor, acercándose a ella y extendiéndose por todas partes. Entonces el hijo, desde el lugar en que se hallaba apostado, agarró a su padre con la mano izquierda, y empuñando con la derecha la grande hoz de afilados dientes, le cortó en un instante las partes pudendas y las arrojó detrás de sí, al azar. Mas no fue un vano despojo lo que soltó su mano. Porque las gotas de sangre que de él se derramaron las recibió la Tierra, la cual parió así en el transcurso de los años a las robustas Furias, a los enormes Gigantes, que vestían lustrosas armaduras y manejaban ingentas lanzas, y a las ninfas llamadas Melias (4) en la Tierra inmensa. Y las partes pudendas, que Cronos cortó con el acero y arrojó desde el continente al undoso ponto, fueron llevados largo tiempo de acá por allá en la inmensa llanura del piélago, hasta que de la carne inmortal salió una blanca espuma (5) y nació de ella una joven que se dirigió primero a la sagrada Citera y luego a Chipre, situada en medio de las olas. Al salir del mar y tomar tierra allí la veneranda hermosa deidad, brotó la hierba doquier que ponía sus tiernas plantas. Dioses y hombres la llamaban Afrofita, porque brotó de la espuma; Citerea, la de hermosa diadema, porque se dirigió a Citera; Ciprigenia, porque nació de Chipre, la isla azotada por las olas, y Filomnedes, por haber surgido de las partes pudendas. Acompañábala Eros y seguíala el hermoso Deseo, cuando, poco a poco después de nacer, se presentó por vez primera al concilio de los dioses. Y, desde un principio, como privilegio sólo a ella otorgado, tiene el honor entre los hombres y entre los inmortales de presidir y regir los paliques de las doncellas, las sonrisas y las fullerías; y, además, los dulces placeres, el amor y la amable tenura.

El gran Cielo, increpando a los hijos que había engendrado, los apodó Titanes porque, según él dijo, "tendieron" demasiado alto la mano para cometer un grave delito que el futuro castigaría.

Hesíodo, La Teogonía, [Trad. María Josefa Lecluyse y Enrique Palau], Barcelona, 1964

Notas

(1) El Caos o "vacío" abierto sin límites. El poeta, con el Caos, representa el espacio que separa el cielo de la tierra, espacio infinito, puesto que, en su sentir, ni una ni otro tienen límite, tanto en su altura como por debajo.
(2) El orden establecido aquí para la cronología de los Titanes no corresponde al que el mismo poeta nos presenta luego para enumerar la descendencia de aquéllos. Cronos, por ejemplo, pasa delante de Japeto, por ser padre de Zeus, y por cuanto el advenimiento de Zeus ha de mencionarse antes que el episodio de Prometeo. Mientras que aquí Cronos es citado el último porque es él, únicamente, quien toma parte activa en el episodio que sigue.
(3) Al parecer, el verso habría de ser "Cíclopes se les llamaba, porque un solo ojo redondo estaba colocado sobre su frente".
(4) Las Melias, o sea las "Ninfas de los fresnos", parecen haber sido las madres de la raza humana en algunas cosmogonías antiguas en las que el hombre nacía del árbol, como en otras surge de la piedra. En "Los trabajos y los días" el poeta nos dice que la raza de plata era hija de los fresnos.
(5) No se trata de la espuma de las olas, sino del esperma del dios mutilado.

Patricia Damiano, entexto

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